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Nacionalización y Constituyente, hitos de seis meses frenéticos |
| Por:Raúl Cortés |
| 20-07-2006 - 12:26 h. |
| La Paz | EFE
La nacionalización de los hidrocarburos y la elección de una Asamblea Constituyente han sido los principales hitos de los frenéticos primeros seis meses de gestión del presidente de Bolivia, Evo Morales, que se cumplen este sábado.
Frente a la actitud timorata en la toma de decisiones de sus inmediatos antecesores, Morales hizo realidad sus dos principales promesas electorales en apenas medio año y consiguió mantener una popularidad que en las encuestas osciló entre el 68 y el 81 por ciento.
Sin embargo, no todo han sido rosas en el camino del gobernante, que no ha podido evitar ser blanco de las críticas por su acercamiento a Cuba y Venezuela, plasmado en varios acuerdos de cooperación en salud, educación, comercio, energía y registro de ciudadanos.
También ha sido acusado de ahuyentar a la inversión extranjera con su pretensión de devolver al Estado el control sobre los recursos naturales mediante un cambio de reglas de juego que ha proporcionado ingresos adicionales al erario público, pero cuyo éxito a largo plazo es todavía una incógnita.
Arropado por la mayoría absoluta obtenida en las elecciones de diciembre pasado, su influencia sindical y su control del congreso, la primera medida que tomó fue un plan de austeridad en la administración pública que incluyó una rebaja de su sueldo (del 57 por ciento), hasta los 2.300 dólares.
El 23 de enero, un día después de asumir la jefatura de Estado, Morales ya había dejado claras sus intenciones políticas al conformar un inédito gabinete ministerial con sindicalistas, intelectuales de izquierda y mujeres.
El 5 de marzo, el Legislativo aprobó la votación de una Asamblea Constituyente que se instalará el próximo 6 de agosto y de un referéndum sobre autonomías, dos medidas prometidas por las autoridades de turno desde hacía varios años.
Los resultados del sufragio, que se celebró el 2 de julio, supusieron un descenso de su apoyo popular del 53,7 al 50,7 por ciento respecto a los comicios generales, aunque, por ser dos elecciones distintas, es difícil establecer parangones.
Pero el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Morales, con 139 constituyentes, se quedó lejos de la aspiración del gobernante de lograr 170 de los 255 asientos de la asamblea, que le hubiesen dado los dos tercios que requería para redactar una constitución a su antojo.
En la consulta sobre la aplicación de un régimen autonómico en los nueve departamentos del país, cuyas competencias definirán los asambleístas, Morales logró que su opción, el "No", venciera en las cinco regiones del occidente andino, que le son afines.
Aunque el triunfo del "Sí" en el oriente tropical, liderado por el pujante departamento de Santa Cruz, mostró la división del país.
En política internacional, su discurso directo, su austera forma de vestir y su mensaje reivindicativo en favor de los pueblos indígenas calaron durante sus viajes al exterior, mientras emprendió acciones drásticas que han afectado a algunos de sus, en teoría, principales aliados, como Brasil y España.
La más sonada fue la nacionalización del gas y el petróleo, el 1 de mayo, una medida que ha comprometido la continuidad en el país de la brasileña Petrobras y a la hispano-argentina Repsol YPF.
Petrobras debe afrontar también la exigencia de Morales de subir el precio del gas que Bolivia bombea a Brasil, algo que el mandatario ya consiguió a finales de junio de Argentina.
La presión a Repsol YPF se incrementó con la detención de sus dos principales directivos en marzo, acusados de contrabando de petróleo, y con otra demanda sobre el presunto cobro irregular de un subsidio estatal, interpuesta en junio por una diputada del MAS.
El gobernante boliviano se anotó esta semana un tanto al conseguir que Chile acepte incluir en la agenda bilateral la reivindicación boliviana de que le devuelva un acceso al océano Pacífico, perdido en una guerra del siglo XIX.
Aún es pronto para saber si las políticas del primer presidente indígena de Bolivia servirán para sacar adelante al país tras varios años de incertidumbre social y política, aunque con esperanzadores resultados macroeconómicos.
Pero por lo menos, Morales ha sido firme a la hora de poner en marcha su plan para "refundar" una de las naciones más pobres y desiguales de Latinoamérica, y pocos dudan de que terminará su gestión de cinco años, algo que parecía una quimera para un gobernante boliviano en el último lustro.
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