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Psicólogos ayudan a niños a no temer volcán que los sacó de casa

Por:Susana Madera
20-07-2006 - 17:26 h.
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Cotaló, Ecuador | EFE

Psicólogos de fundaciones religiosas, universidades, UNICEF y otras organizaciones ofrecen ayuda en salud mental para los niños que se encuentran en los albergues para refugiados por la actividad eruptiva del volcán Tungurahua, en el centro de Ecuador.

Psicólogos del hospital Militar de Quito conversan con los niños evacuados del poblado de Bilbao, que pasan sus días en el albergue de Cotaló donde juegan al fútbol, corren y realizan actividades lúdicas con voluntarios de diversas organizaciones.

Jóvenes de la Fundación Corazón de María, de Pelileo, desarrollan, por su parte, en el albergue de Pingue terapias con niños evacuados de la localidad de Cusúa, de la que salieron el pasado viernes cuando flujos piroclásticos del Tungurahua llegaron cerca de su poblado.

Los menores juegan para distraerse y dejar de pensar en el desarraigo que sufrieron, algo que la española Inmaculada García, de Médicos Sin Fronteras, considera que debe extenderse por todos los albergues.

"La gente tiene miedo, no saben qué pasará; las esposas temen por la seguridad de sus maridos que regresan a los poblados de donde fueron evacuados, para cuidar sus pertenencias", comentó a Efe García, que recorre los albergues donde, a su criterio, deben primar las charlas de motivación, actividades manuales y lúdicas.

En ese sentido, la UNICEF, la Cruz Roja, la Universidad Salesiana y otras organizaciones actuarán desde mañana en Penipe, Puela, Cotaló y el Pingue con actividades recreativas para los niños, según confirmó a Efe Cecilia Dávila, de UNICEF.

"Queremos darles cierta estabilidad" mientras dura la actual situación, indicó Dávila al anotar que llegarán a los albergues con pelotas, colchonetas, títeres, música infantil y cuentos en los que se enseña a los niños "a ver al volcán como un amigo".

Varios niños consultados por Efe en los albergues y en las poblaciones afectadas por la ceniza del volcán, aseguran que no le tienen miedo al monte, de 5.029 metros de altitud sobre el nivel del mar, pero su opinión cambia automáticamente cuando el coloso comienza a sonar a manera de trituradora de concreto.

Con la ropa sucia por el polvo volcánico y una mascarilla en su cabeza sobre el sombrero, Edgar, de 9 años, dijo a Efe en el poblado de Chacauco que le "asusta el volcán porque truena mucho" y no le "deja dormir".

Sin embargo, Edgar permaneció impávido cuando el volcán lanzó un cañonazo que, aunque estremeció a los visitantes, fue "suavito" a criterio de los lugareños: "Vea las ventanas (con vidrios rotos), eso hace el volcán cuando truena", dijo Bolívar, de 48 años, al mostrar la casa donde se almacenan y reparten las donaciones.

Los niños parecen también acostumbrados a ver las inmensas columnas de vapor y cenizas que emana casi a diario la "Mama Tungurahua", a la que ven de frente a pocos kilómetros.

"La gente está angustiada porque pierden sus cultivos y sus casas" y van de un poblado a otro para cuidar sus pertenencias, por lo que no se puede cuantificar la cantidad de niños que hay en los albergues, dijo Dávila.

Para la funcionaria de UNICEF, la precaria situación económica en que han quedado los habitantes de las zonas afectadas es lo que más les angustia, por lo que también se preparan charlas de motivación para que los adultos superen sus traumas.

"No consideramos que los niños están en una crisis gravísima de riesgo emocional, ni nada. Tienen aseguradas sus cosas básicas, el Estado ha respondido bastante bien: hay alimentación, agua, servicios básicos", anotó.

Ante rumores que han circulado sobre la posibilidad de que se junte a los niños en una guardería, Dávila puntualizó que UNICEF recomienda no separarlos de sus padres, "los niños necesitan estar con su familias y su madre, independientemente si están caminando del pueblo al albergue".

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