En los caminos altiplánicos se realizó hace unos días una competencia ciclística para mujeres y pude apreciar que en ella intervinieron muchas deportistas, ganando la prueba una cholita joven cuya fotografía, y también de otras entusiastas ciclistas, exhibieron los periódicos.
La noticia me impresionó porque demuestra la incorporación de las mujeres andinas en el deporte, y me dio la idea de obsequiar una bici de carrera a mi comadre la cholita que prometió regalarme un camión y hasta ahora no cumple su oferta utilizando diversos pretextos, siendo el último: "te entregaré el camión después de las elecciones y siempre que salga presidente el Evo".
Cavilando sobre su propuesta llegué a pensar en que no estaría mal si yo contara con un camión en caso de producirse ese resultado electoral desastroso, ya que las turbas socialistas no permitirían que yo siguiera escribiendo y el camión me serviría para ganarme la vida. De esa manera llegué a pensar en que si yo le regalo una bici de carrera a mi comadre, ella me pagaría con un camión, porque la chola es muy noble.
Cuando fui con la bici hasta su casa, ella se puso a reír y lanzó una carcajada cuando le manifesté que esa hermosa bici de carrera era un obsequio mío para ella pues yo quería convertirla en una cholita campeona como la que había visto en los periódicos del lunes pasado, idea que rechazó mi comadre por incompatibilidad anatómica , expresión que no alcancé a comprender.
En las palabras más sencillas, ella me explicó que se encontraba muy gorda, argumento que no me pareció de peso pues yo había visto en Estados Unidos a muchas mujeres gordas montadas en Bicicletas, cumpliendo ejercicios destinados a, precisamente, adelgazar y además --le dije-- que nuestras cholas no son tan gordas como parecen sino que llevan varias polleras confeccionadas especialmente para abultar la parte inferior de su anatomía.
Mis palabras no la convencieron y me dijo con vigor: "tú no me conoces cómo soy en pepas y lo único que te puedo decir es que en mi persona la palabra poto se escribe con ocho letras y no con cuatro, cómo se te ocurre que yo pueda montarme en una bici de carreras; agradezco tu bondad pero no acepto tu obsequio".
Sin darme por vencido, le dije que uno de los verbos que mejor conjugan las mujeres, y especialmente las cholitas, es pedalear y que todas están dotadas de la habilidad de pedalear, ejercicio que las convierte en dominadoras de nuestra sociedad, y también de otras, donde la mujer se convierte en la maestra del pedaleo.
Esa idea expuesta magistralmente por este servidor, le gustó más que las anteriores, y comenzó a revisar la bici de carrera admirando el modelo, midiendo la fortaleza de sus materiales y la resistencia de sus ruedas y llantas. "No está mal la bici -dijo-- y me gusta saber que tiene quince velocidades y doble tracción", montándose en la bicicleta vestida con sus polleras, cubierta con su manta de alpaca y luciendo su sombrero Borsalino en vez del casco reglamentario.
Dio una vuelta por su casa y se quedó con la bici. ¿De qué exclusiones raciales hablarán algunos demagogos? Las razas autóctonas y las mestizas están en todo: en el baile, en el deporte, en el comercio, en la universidad y en la política.