Este círculo vicioso es sustentado por nuestra costumbre de vivir de la caridad así como por la largueza de los donantes, sea voluntaria o forzada por las circunstancias.
Tan habituados estamos los bolivianos a pedir y recibir ayuda financiera del exterior para una y otra cosa que hace pocas semanas un periodista no tuvo empacho en consultar al Embajador de los Estados Unidos si su país aportaría partidas de dólares para cubrir el costo de las elecciones generales de diciembre próximo, recibiendo como respuesta una discreta negativa que no ocultó en el diplomático eso que también corrientemente llamamos vergüenza ajena.
Empero y más allá de lo anecdótico de este caso, la práctica continúa sin detenerse ni provocar el mínimo de reparo en esferas fiscales y privadas, pese a bordear en muchas instancias los límites de lo insólito.
Así, se informa que el gobierno está buscando cooperación económica extranjera para comprar el paquete accionario de la empresa francesa integrante del consorcio Aguas del Illimani, proveedor del líquido vital a las ciudades de La Paz y El Alto, luego de que la anterior administración la expulsara virtualmente de esa región por presiones de la Federación alteña de Juntas Vecinales y para evitar un posible arbitraje internacional en el que Bolivia llevaría las de perder.
En otros escenarios, los flujos de dinero que llegan para rubros menos palpables como la reforma estructural o la institucionalización del aparato estatal, son constantes y sólo el descubrimiento de irregularidades en su empleo permite saber de su procedencia y cuantía.
Este círculo vicioso al par que ominoso, es sustentado por nuestra costumbre de vivir de la caridad así como por la largueza de los donantes, sea voluntaria o forzada por las circunstancias.
Se conoce, en este sentido, que por gestión gubernamental la Unión Europea está dispuesta a correr con el gasto que requiera el estudio de la demanda real de la coca en el mercado interno, en la perspectiva de determinar luego la extensión de los cultivos legales de la hoja, algo que a pesar de haberse acordado entre los altos funcionarios que confirmaron el entorno del ex presidente Carlos Mesa y los cocaleros del Chapare, vino postergándose precisamente por la falta de fondos en el Tesoro General, aparte de constituir una acción de sumo interés de ese conjunto de naciones que recibe subrepticiamente la cocaína fabricada a base del vegetal.
Ahora bien, volviendo a los comicios de fin de año, personeros del gobierno han confesado que la hacienda nacional carece de los recursos para su realización ni subvencionar a los partidos políticos, por lo que habrá que procurarlos en alguna parte...
No vaya a ser que se toque las puertas de los cooperantes para este objetivo que por dignidad debe ser alcanzado al margen de cualquier factor ajeno al país.