uTras revisar las declaraciones del presidente Evo Morales, su canciller, David Choquehuanca, y su ministro de Educación, el ahora famoso Félix Patzi, he llegado a la conclusión de que algunos de sus actos son guiados por la venganza.
¿Cómo se puede explicar, entonces, que el ministro Patzi haya sobrepasado supuestas instrucciones presidenciales para conseguir que se apruebe el proyecto de ley que elimina la materia de Religión de las escuelas y colegios del país? La respuesta de que esa actitud se debe a la posición ideológica del dignatario de Estado es insuficiente. Patzi se confesó devoto de las deidades preocolombinas así que su actitud era ni más ni menos la intolerancia que sólo admite las creencias propias y rechaza o ataca las ajenas.
Y aunque se muestra bastante respetuoso en las minas, el presidente no sólo demostró que aprueba la conducta del ministro anti-católico sino que hasta dio a entender que todavía guarda un sentimiento de rabia en el pecho. "Me aguantaré hasta la Asamblea Constituyente donde se debatirá este tema y después diré algo sobre el comportamiento de la Iglesia durante la colonia", dijo el Jefe de Estado.
¿Qué es lo que tiene que aguantar Evo y qué es lo que debe decir sobre el comportamiento de la Iglesia en la colonia?
Aparentemente, el Presidente y algunos de sus ministros estuvieron tan ocupados en los últimos años defendiendo a los sectores más vulnerables de la sociedad que no tuvieron tiempo de leer "las últimas novedades" de la Historia.
Si se hubieran tomado el trabajo de leer las últimas investigaciones al respecto -recuérdese que el canciller Choquehuanca declaró que hace 17 años que no lee un libro-, entonces se hubieran enterado que la conquista no fue como nos la pintan en la escuela y que la Iglesia Católica tuvo un doble papel en la colonia.
En Sudamérica no se produjo el genocidio que exterminó naciones enteras en el norte y, por el contrario, en algunos casos hubo hasta negociación entre españoles y nobles incas para que estos mantengan sus privilegios. Si bien la Iglesia mantuvo su papel de "poder espiritual", miles de sacerdotes asumieron defensa de los indios como fue, por ejemplo, el caso del padre Bartolomé de las Casas.
Sin embargo, Evo, David, Félix y muchos otros masistas parecen empeñarse en ver sólo el lado malo de la conquista y actúan en consecuencia. Para poner las cosas más en claro: están tomando venganza.
En el idioma español, venganza es la "satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos". Con su conducta, los actuales gobernantes parecen intentar cobrarse todos los agravios y daños que aymaras y quechuas sufrieron en la colonia.
Lo curioso es que esa actitud no se parece en nada a la idiosincrasia de esos aymaras y esos quechuas.
La palabra "venganza", que tiene un significado tan claro en español, no existe ni el idioma quechua ni en el aymara.
En el quechua, la palabra que se utiliza a manera de homologación es "ayni" que significa "retribuir de la misma forma en la que se recibió" pero esta se emplea más bien en actividades de solidaridad como cuando toda la comunidad construye la casa de uno de sus integrantes con la seguridad de que este hará lo mismo por otros.
En aymara tampoco existe la palabra "venganza" y, forzando un poco, se podría decir "kispachinakiriwa mayuruja" que significa "te voy a hacer lo mismo un día".
La inexistencia de esa palabra en ambos idiomas no es porque estos sean pobres; al contrario, el quechua y aymara son incluso más completos que el español y el inglés. Si en ninguno existe la palabra "venganza" es porque esa actitud no cabía en las sociedades kolla e inka.
Así que la venganza no existe en la cultura andina y, en el caso de la conquista, tampoco hay de quién vengarse porque los españoles ya se fueron y nos dejaron a nosotros, los cholos, que no tenemos porqué pagar sus errores.