Los resultados son abrumadores: más del 50 por ciento de los votantes eligieron a los candidatos del Movimiento Al Socialismo (MAS) para la Asamblea Constituyente. En Santa Cruz y Tarija, donde la derecha creyó tener sus baluartes, ganó el MAS. En el referéndum autonómico, el NO a las autonomías propiciado por el MAS contó con 57 por ciento del voto. Aun en una elección municipal extraordinaria, en Todosantos, un pueblo de 500 habitantes, el MAS dejó muy atrás a su contendor.
Pero, por supuesto, la derecha no se resigna. La democracia funciona bien cuando la manejan ellos. Si sale de sus manos, entonces la condenan como "intentos hegemónicos" y sacan a relucir pretendidos derechos de minorías que deben imponerse, según afirman, al "totalitarismo mayoritario".
La agrupación Podemos, que lidera el ex presidente Jorge Tuto Quiroga, de un 28 por ciento que obtuvo en diciembre, debió resignarse a 15 en esta elección. Partidos tradicionales y pequeñas agrupaciones, que ocultan deserciones derechistas, fueron castigados con votaciones ínfimas que apenas los salvan de la desaparición.
Desde siempre, y aún ahora, los grupos de poder consideran que el grueso de la población no piensa; se limita a seguir consignas. No en balde un ex Presidente español sostuvo que los pueblos latinoamericanos están equivocándose en las elecciones y habría que propiciar nuevos plebiscitos para rectificar errores; por supuesto, ellos financiarían tales rectificaciones.
Pero, en Bolivia, tres votaciones han favorecido al MAS consecutivamente: municipales en diciembre de 2004, generales en diciembre de 2005 y constituyentes el 2 de julio. Podríamos decir que las "equivocaciones" se repitieron siete veces en Venezuela.
En otras naciones de este continente habrá otras repeticiones y, en alguna más, han debido recurrir al consabido fraude para tratar de obstaculizar el avance de los pueblos.
Es que, para los poderosos del mundo, democracia es el sistema mediante el cual se eligen mandatarios aprobados por Washington.
Basta recordar que, en un tiempo, los candidatos debían exhibir su visa de ingreso a Estados Unidos para habilitarse. Si un mandatario, elegido mayoritariamente, dicta medidas y toma rumbos que desagradan a George W. Bush, el "Napoleón chiquito", pierde la paciencia y hasta puede ordenar la devastación del país en cuestión, siempre que el negocio valga la pena.
Y no discutan las formas de votación. Incluso con las reglas fijadas por ellos, con los mecanismos de control que ellos implementaron, una derrota les resulta inaceptable. Como no se atreven a hablar de fraude (¿cómo?, si ellos lo hicieron para reducir la ventaja del ganador) gritan "injerencia foránea", "subvención de una potencia extranjera". Y ante la mayoría que obtuvo el MAS en Santa Cruz y Tarija, proclaman que los constituyentes deben obedecer las consignas regionales (léase "del comité cívico"), desoyendo las orientaciones partidarias. Así funciona la democracia para ellos.
El autor es senador de la República
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