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Erupción Tungurahua empolva poblados y desempolva recuerdos 1999 |
| Por:Susana Madera |
| 21-07-2006 - 12:03 h. |
| Chacauco, Ecuador | EFE
La ceniza que desde hace una semana expulsa el volcán Tungurahua, en el centro andino de Ecuador, ha empolvado numerosos poblados y miles de kilómetros de cultivos, pero también ha desempolvado los recuerdos de quienes sufrieron la rabieta del monte en 1999.
Los temblores, estruendos, cañonazos y la ceniza del Tungurahua, de 5.029 metros sobre el nivel del mar, no son nuevos para quienes viven cerca del volcán, aunque sí su nivel de actividad, al presentarse en esta ocasión la emisión de flujos piroclásticos (fragmentos incandescentes).
La ceniza que ha salido del coloso ha cubierto poblados como Bilbao, donde el paisaje es gris por los cuatro puntos cardinales, pero también se ha extendido por otras localidades en las que el polvo volcánico se mete por toda rendija.
La ceniza del también conocido como "garganta de fuego", sobrepasó ya el límite continental hacia el Pacífico, no sin antes caer en pequeñas cantidades en poblados de la zona costera.
El material gris volcánico parece haberse convertido ya en parte de lo cotidiano en los poblados en los que la gente, aunque tiene mascarillas para evitarlo, no las usa "porque son incómodas", "porque no me acostumbro", "porque no me deja respirar", dicen.
Instalada como está en los poblados, la ceniza ni siquiera ha sido impedimento para que las mujeres laven la ropa y la pongan a secar en tendederos al aire libre en medio de la polvareda que, en ocasiones, no deja ni siquiera ver al interlocutor.
Pero aunque ahora el Tungurahua asustó con su nivel de erupción, no sorprendió a los lugareños que, contrario a 1999, saben cómo actuar y sobre todo, que no hacer ante el fenómeno natural.
"Ahora ya no me voy de aquí. En 1999 salí corriendo, asustado, vendí mis vaquitas a cualquier precio, dejé todo, me robaron la casa, se dañó todo mientras estaba albergado", recuerda Javier Guevara, de 27 años, en el poblado de Chacauco, frente al volcán.
Sereno cuenta que en esa oportunidad la desesperación lo llevó a malvender sus vacas, cuyes (conejillos de indias) y conejos, que dio "a precio de regalo" con tal de "salvar algo".
"Peor era perderlo todo", aseguró.
Pero el ceño de Guevara se fruncía cada vez más al recordar que poco después Ecuador dolarizó su economía y sus escasos ahorros se devaluaron al punto de que, meses después, con el dinero por la venta de sus diez vacas, no pagaban una sola.
"La desesperación nos cegó, ahora ya no, pese a que la erupción ha sido más fuerte: apenas comenzó la erupción, llevé mis diez cabezas de ganado a Cotaló, allá están pastando. Todos los días las voy a ver", dijo al asegurar que "pase lo que pase", esta vez no abandonará el caserío.
Sin embargo, no dejó de ser cauto y evacuó a sus ancianos padres, a quienes también les evita el sufrimiento del desarraigo al llevarlos cada mañana a Chacauco: "Así no están solos, pero sí protegidos en Cotaló si en las noches pasa algo con el volcán".
La historia de Guevara, un mecánico que trabaja en Baños y que dejó sus estudios de abogacía en el tercer año por cuidar a sus padres, se repite en numerosos pequeños poblados de los alrededores del volcán, pero también en la turística ciudad de Baños.
La experiencia del 99 dejó huella en los bañenos: "No nos iremos de aquí", "sabemos cómo actuar", "no vamos a dejar nuestras casas", "no vamos a dejar el trabajo", son frases que se repiten en Baños, una de las ciudades turísticas más importantes de Ecuador.
Aunque el turismo ha bajado en un 80 por ciento, hay extranjeros de diversas nacionalidades que se pasean por Baños, practican deportes de aventura e incluso van a los miradores con la esperanza de ver una erupción del coloso, mientras los lugareños afinan sus planes de contingencia en caso de una mayor actividad del volcán.
Ahora hasta tratan de sobrepasar las penas con humor: ¿A qué hora baja?, le pregunta por teléfono un coqueto guía naturalista a una amiga que estaba en una hostería en lo alto de un monte. "En el piroclasto de las cinco", responde ella.
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