Como era de suponer, el gobierno de Chile no tardó en aclarar que la inclusión del tema marítimo en la "agenda sin exclusiones" abierta con Bolivia, es totalmente ajena a una posible restitución de un acceso soberano de nuestro país al océano Pacífico, fiel observador como es, máxime cuando le conviene, de los tratados internacionales, en este caso el de paz y amistad de 1904.
Quiere decir que de prosperar las negociaciones bilaterales sobre el particular, no se irá más allá de las facilidades que el vecino país dice estar siempre dispuesto a otorgarle al comercio exterior de Bolivia en los puertos que detenta desde la conclusión de la guerra de agresión de 1879, lo que en los hechos viene a detener cualquier expectativa que se hubiese alentado en la administración y la opinión pública nacionales.
Los intereses chilenos se centran en otras cuestiones, económicas y de buena vecindad, sobre todo; siendo sorpresivo que la energética no figurara en el temario del reciente encuentro entre vicecancilleres y personal técnico en la ciudad de La Paz.
En este contexto, difícil es prever el resultado del diálogo que los presidentes Michelle Bachelet y Evo Morales sostendrán hoy en Córdoba, Argentina, con ocasión de la reunión cumbre del Mercado Común del Sur.