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Zambita cumplió 100 años y aún se vale por sí misma |
|  | | Eduviges Daza, conocida como la “Zambita”. | Hernán Andia | |
Eduviges Daza viuda de Guardia, conocida por sus amigos de otras épocas como “La Zambita”, acaba de cumplir 100 años. Apenas se puede mover. Casi ni escucha. Pero se niega a que alguien la ayude. El periodista de este medio quiso ayudarla para que se siente en una de las tres sillas que se encontraba en su patio, pero ella lo rechazo. Se acomodó sola y sólo requirió la ayuda de su hija Aurora para escuchar un poco mejor las preguntas.
Por lo demás, ella rechaza cualquier tipo de ayuda, así sea en las actividades pequeñas que realiza en su domicilio, en Cala Cala (calles escudaños esquina Simón López). Antes vendía flores, verdura y hasta ayudaba a su abuela a elaborar la chicha.
Según Eduviges Daza, la vida de antes era mejor si se la compara con la de ahora. Recuerda que por la puerta de su primera casa de la avenida Rasales, de la zona de Cala Cala pasaba el tranvía trasladando de un extremo al otro a la gente. “El Mario (su hijo mayor) cuando estaba pasando al frente para comprar, casi fue pisado por el tren (transvia)”, cuenta. Por eso, se mudó de casa por inmediación es de la avenida Simón López a pedio de su esposo Felipe Daza, que falleció hace 25 años.
Desde sus 20 años, Eduviges vendía flores en la plaza 14 de Septiembre bajo los árboles. Después construyó puestos en el Mercado Calatayud y en el Cementerio General, porque los funcionarios de la Municipalidad de ese entonces no la dejaban vender en la plaza.
También recuerda que su madre, Águeda García, le mandaba a realizar la actividad del trueque (cambio de producto a producto) a Sacaba y Punata. Para ello, tenía que ir en burro todos los días para intercambiar con sus “caseras”.
Burritos no más había y carretoncitos. En burrito no más siempre iba a Sacaba. Me mandaba solita mi mamá para cambiar la verdura
Todos me conocían como zambita. ‘Ya está llegando la zambita, la zambita’, me decían mis caseritos, que me conocían
Conociendo al personaje
No dejó nunca la pollera
Siempre vistió una pollera, pese a que su abuela Bartolina Pérez, con quien vivió mucho tiempo, quiso ponerle un vestido para que pueda estudiar.
Una abuela cariñosa
Ayudaba a su abuela a elaborar chicha. Recuerda que su abuela era cariñosa y le puso a la escuela, pero siempre le decía que era burra, pero al final aprendió a leer y escribir.
Estudiar
Su deseo fue siempre estudiar y ser algo en la vida, pero tuvo pocas oportunidades por las condiciones de vida y por los pocos centros de estudios de ese entonces.
Familiares
Tuvo 16 hijos de los cuales sobrevivieron seis. Recientemente el menor de sus hijos, Carlos, también falleció, pero aún están con vida Mario, Aurora, Marina, Ramiro y Yolanda.
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