Sosteníamos el pasado domingo en nuestra columna editorial que al Movimiento al Socialismo en ejercicio del poder le estaba costando lograr hegemonía en la Asamblea Constituyente y que al igual que en oportunidad de la elección de la directiva del evento, se veía obligado a transar con las minorías para integrar la comisión redactora de su reglamento de debates, en lo que estimamos un saludable juego democrático.
No habíamos sospechado, empero, que al cabo serían esas mismas minorías las protagonistas de rencillas entre sí y de que la comisión redactora no se conformara, al menos hasta la tarde de ayer; esto si es que no entraron en contubernio con el partido de gobierno para sumar los dos tercios de voto, como lo señaló una versión periodística procedente de la sede de gobierno.
Como esta, varias serán las sorpresas que la Asamblea deparará a los medios de comunicación y al país todo, con en riesgo de convertirse en un verdadero pandemonio atentos el abultado número de sus miembros electos, y la cantidad y diversidad de fuerzas que ejercitarán presión sobre ellos; extremos para los cuales y por lo visto, deberán prepararse los hombres de prensa y la opinión pública en general, que tienen puesta buena parte de su atención en lo que ocurre en la hasta hace poco apacible capital de la República, donde hoy por hoy el ajetreo no sólo se concentra en el recinto que reúne a los constituyentes, sino que se extiende a lo largo y ancho de la ciudad.