"Las mermeladas producimos manualmente, sin ningún químico, es natural lo que hacemos. Por día sacamos 90 kilogramos de mermelada de limón y otra cantidad igual de guayaba, que vendemos en la provincia Zudañez de Chuquisaca y muy poco en Sucre", cuenta Zulma Arrieta, presidenta de Asociación de Productoras de Mermeladas de Choromomo (Apromech), que el pasado jueves participó junto a sus compañeras el foro febate "Producción, Transformación y Comercialización del Limón".
Reconocidas como "pioneras" en la transformación artesanal del limón, expusieron su experiencia productiva en el evento y en la exposición de productos llegaron a vender 300 kilogramos de mermelada, que por su excelente combinación agridulce, fue muy requerida.
Arrieta indica que hace cuatro años, con el propósito de adquirir un oficio y mejorar los ingresos familiares, un grupo de 20 mujeres campesinas decidió agruparse en Apromech, en el municipio Icla, Provincia Zudañez del departamento de Chuquisaca.
En poco tiempo y con asistencia técnica y económica de Proagro y Plan Internacional, asimilaron técnicas artesanales para transformar en deliciosas mermelada la abundante producción de limón y guayaba.
Dijo que después de cubrir todos los costos de producción, cada asociada llega a percibir entre 400 y 600 bolivianos al año por la venta de mermeladas en el municipio de Icla, la ciudad de Sucre y próximamente en Cochabamba.
ANÁLISIS
"Existen muchas dificultades que superar"
Tom Pellens Economista del Cipca
El pequeño productor campesino-indígena, dedicado al cultivo y producción del limón y otras frutas en los valles interandinos se ve enfrentado con una gran serie de dificultades en su estrategia productiva, por lo cual es a veces estigmatizado como productor "inviable".
Una primera serie de dificultades están relacionadas con el acceso limitado a recursos naturales y productivos, y el manejo ineficiente e insostenible de los mismos.
En los valles interandinos el productor campesino es mayormente minifundista, apenas tiene acceso a unas hectáreas de tierra cultivable que son expuestas a procesos erosivos causados por factores climáticos y antrópicos. Otro recurso clave es la escasez de agua para riego productivo debido a la baja precipitación. Además, deficiencias en la infraestructura de riego, o su ausencia total, conlleva a un uso ineficiente del agua ya escaso.
A estas dificultades se suman todos los riesgos climatológicos como las heladas y los granizos.
Para superar las dificultades anteriores, el pequeño productor tiene poco acceso a formación, tecnología y servicios de apoyo. Y cuando el acceso sí existe, a menudo no toma en cuenta la situación socio-cultural en el área rural, imponiendo nuevas visiones y prácticas sin una buena integración con los conocimientos y costumbres existentes.
La estrategia productiva del pequeño productor se caracteriza por la diversificación de los cultivos y por una producción destinada en parte al autoconsumo.
No obstante, no es una persona desarticulada del mercado. La venta de parte de su producción y de su propia fuerza de trabajo forma parte integral de su estrategia de vida, pero al respecto se ve enfrentado con otra serie de dificultades.
La baja productividad y la falta de enfoque de calidad en el proceso de producción, cosecha y poscosecha limitan la competitividad del pequeño productor en el mercado. Además, tiene poco poder de negociación para influir en los precios. Así, sólo recibe una parte relativamente limitada del precio pagado por el consumidor final.
Una red de caminos rurales de buena calidad, que abre el campo a la ciudad, es esencial para el desarrollo económico del pequeño productor.
Finalmente, la exclusión social y cultural de los campesinos y pueblos indígenas durante siglos les afecta en su acceso a oportunidades económicas.