Casi 18 mil efectivos militares estadounidenses (entre ellos muchos latinos) han sido heridos en combate desde la invasión a Irak hace más de tres años, según estadísticas del Pentágono. Algunos han perdido las piernas y los brazos, sufrido horrendas quemaduras y retornado a sus hogares para quedarse.
Pero la vasta mayoría se ha quedado en Irak o ha regresado tras operaciones. Sus cuerpos están surcados por cicatrices y sus vidas se ven afectadas por toda clase de dolores.
Para algunos soldados en Irak, una bomba colocada al costado de un camino los dejó sordos. Otros tienen el cuerpo tachonado de esquirlas de metal.
Según Associated Press, la sargenta Katherine Yocom-Delgado, de 28 años, perdió un 70 por ciento de audición en el oído izquierdo hace algunas semanas, cuando un proyectil de artillería cayó a pocos metros de distancia de ella. Todavía le duelen los dientes por la explosión y tiene frecuentes dolores de cabeza, especialmente por la mañana.
Pero la suerte del soldado Steven Clark es todavía peor. El joven de 25 años ha sido baleado en tres ocasiones y herido por esquirlas de una granada que le hizo estragos en las piernas y la espalda. Ha recibido ya tres condecoraciones "Corazón púrpura" -una cuarta medalla le será asignada en los próximos días- y una Estrella de Bronce al valor.
Aunque se sienten orgullosos de sus compañeros, los médicos militares creen que muchos de los heridos sufrirán prolongados problemas de salud.
"Los soldados están tan concentrados en permanecer combatiendo que absorben el dolor y continúan luchando", dijo a AP el capitán Dennison Segui, de 33 años, un médico.
El Gobierno estadounidense informó que desde que comenzó el conflicto armado, hasta la fecha han muerto más de 2.500 marines, de los cuales 1.972 habían muerto en combate.