Pues bien, el nuevo esfuerzo gubernamental es eliminar la religión. Recordar y hacerle ver a la Iglesia que el único poder omnímodo que puede haber en este país es el que debe y puede detentar el MAS y el Presidente de la República y su entorno. Así funcionó en la ex Unión Soviética y así funciona en Cuba y Venezuela
En oposición, el MAS exigía consensos previos con relación a temas de interés nacional. Muchas veces esas exigencias se trasladaban a las calles con marchas y a las carreteras con ilegales bloqueo de caminos. Ahora la situación es diferente porque en función de gobierno los consensos importan poco, ya no tienen la relevancia que antes sí la tenían, más aún si el 53,7% pesa cuando toca tratar temas de alcance nacional. De pronto ese porcentaje marca un patrón de comportamiento donde resalta la imposición antes que la concertación y la coacción antes que la reflexión. En varios terrenos se dan señales en ese sentido, con una fuerte dosis stalinista y partidrocrática.
Ministros de Estado que sin disimulo compiten por ser autores de una cadena de disparates que pasan por la sustitución del desayuno escolar por la hoja de coca; por la eliminación de los libros como fuente de enseñanza; por la obligatoriedad del aprendizaje de idiomas nativos como requisito para acceder a un puesto público o la más reciente, el intento de eliminar la religión porque de pronto creen que es el opio del pueblo. Y que nadie venga a hacernos creer que estos episodios son metidas de pata o errores fruto de la inexperiencia. El carácter y la esencia de la estructura masista tiene un componente caudillista donde nada se hace fuera del partido y sin el consentimiento de los integrantes de la nomenclatura y del mandamás. Nada ocurre en ese nivel si Don Evo Morales no lo autoriza. Si creen que el desayuno escolar debe ser sustituido por la hoja de coca es porque así deben pensar los muchachos del gabinete y de Palacio de Gobierno. Si quieren imponer un Estado donde no exista religión, es porque así piensan.
Cuba deseó seguir siendo la cenicienta de la pobreza y la irracionalidad, y miren dónde está, enarbolando altiva las banderas de la miseria y jactándose de su eterna rivalidad con su vecino mientras su gente daría la vida por mejores condiciones de subsistencia.
Por supuesto, es lógico que pensemos si realmente este gobierno tendrá la fuerza y el alcance para consolidar el poder de su nomenclatura bajo el manto de la revolución cubana y bolivariana en una suerte de hibridismo ideológico que ni ellos mismos entienden y si en ese esfuerzo, se habrán dado cuenta que los bolivianos no somos tan ingenuos para creernos el cuento y para dejarnos que no los relaten sin ofrecer batalla. Porque el sentido común, tan ausente y lejano en estos tiempos, me dice que lo deseable es que nuestros gobernantes demuestren serenidad y un mínimo de coherencia en sus actos e intervenciones.
Pues bien, el nuevo esfuerzo gubernamental es eliminar la religión. Recordar y hacerle ver a la Iglesia que el único poder omnímodo que puede haber en este país es el que debe y puede detentar el MAS y el Presidente de la República y su entorno. Así funcionó en la ex Unión Soviética y así funciona en Cuba y Venezuela. Nomenclaturas bien cohesionadas contra las que lucharon miles de disidentes que clamaron y claman democracia, derecho a pensar diferente y disentir, no hegemonía y tiranía.
En ese marco, lo recurrente en estos días es el discurso del gobierno hecho público por el Ministro de Educación, uno de los miembros de la nomenclatura masista y ningún perejil en todo caso.
No les gusta la religión. No tienen fe ni creen en la necesidad de su existencia. Desconfían de la Iglesia por el poder de la fe y de las enseñanzas de un Ser Superior, tanto como de los íconos religiosos capaces de concentrar más gente que un cabildo político de cocaleros.
Por favor, si en algo la Iglesia hizo bien, aún con aquellos sacerdotes que comulgaban con los bloqueos así como con cuanta coordinadora se creaba, fue indudablemente en la educación. Lo hacen bien. Han sido capaces de llegar donde el Estado no llegó nunca, y con fe y Dios como premisa de respeto a valores y a principios axiológicos básicos y fundamentales. El Ministro de Educación a nombre del gobierno expresó una visión sobre la educación en el país y la religión en particular, y lo hace utilizando conceptos con alta dosis de resentimiento y belicosidad. El propio Presidente de la República ha introducido al debate el papel que la Iglesia desempeñó desde tiempo de las misiones jesuitas y franciscanas, lo que me trae a la memoria una obra cumbre de Wálter Hermosa Virreira (+) donde refleja el paso de esas misiones por Bolivia y su relación con las tribus selvícolas.
Señores, un funcionario público no puede introducir cargas dogmáticas de tan grueso calibre a temas tan sensibles que son parte de la vivencia de los bolivianos. A mi me importa un rábano si Chávez o Castro le han dicho a Morales qué debe y cómo debe actuar frente a la religión y el poder que representa la Iglesia, o qué receta le han pasado en torno a cómo contar en cinco días con una nueva Ley de Reforma Educativa, en un Congreso Educativo que fracasó antes a su inicio por cómo venía la mano. Me importa que se respete la religión como parte del derecho de todo ser humano a desarrollarse con dignidad y con plenos valores.