¿Cómo es que tutistas y otras especies aparecen inopinadamente en el costal masista? No se lo puede entender ni explicar racionalmente con el llamado "método científico" ni con técnicas de las ciencias sociales o del comportamiento
Con rabietas y pataletas debe estar Tuto Quiroga si lo que dice Evo Morales es cierto: muchos asambleístas de Podemos y de otros partidos se estarían sumando al MAS porque comparten su ideología, lo cual haría realidad su anhelado sueño de los dos tercios en la Constituyente. Podría ser falso; pero la pregunta está planteada: si de política se trata,
¿hasta qué punto los perros son perros y gatos los gatos?
Dos o más elementos pueden unirse si tienen reacciones similares ante estímulos similares; pero si intentamos unir corrientes positivas con negativas se produce un corto circuito. Leyes como ésta pueden deducirse en química, física, biología, sociología o psicología mediante la observación, la experimentación y la demostración. Pero en la fauna política los perros pueden maullar y los gatos ladrar. ¿Cómo es que tutistas y otras especies aparecen inopinadamente en el costal masista? No se lo puede entender ni explicar racionalmente con el llamado "método científico" ni con técnicas de las ciencias sociales o del comportamiento. Los discordes en concordia. Estamos hablando de cofrades de viejos rebaños políticos, amaestrados en levantar dedos, que de pronto se dispararan por su lado desobedeciendo al pastor y a los perros ovejeros.
Juzgamos inevitables --como parte del "juego democrático"-- las alianzas electorales o post electorales y los "pactos de gobernabilidad", y nos parece normal que perros y gatos hagan contubernios "sobre ríos de sangre". Decimos que en el amor y en la política no hay leyes porque la razón se hace trizas ante lo inesperado. ¿Significa este desbarajuste que en política no hay lógica? Pues depende de lo que entienda por política y por lógica
El error está en suponer que la política es la ciencia o el arte de gobernar buscando el bien común, y olvidar que la lógica es el recto pensar o razonar. Esperamos que los políticos tengan el pensamiento lógico de Aristóteles, cuando no tienen capacidad ni para las piruetas mentales de Protágoras, Hipias o Gorgias, sofistas sí, pero también filósofos y caballeros. En el pensamiento político no hay lógica, sino paralogismo, o sea razonamiento con argumentos válidos y conclusiones falsas, vicio al que añade la mala fe.
Heráclito advertía que puede haber una lógica sin "logos", o sea una lógica condicionada y contraria a la "razón universal" o "logos", esencia de la sabiduría. Son lógicas torcidas e interesadas: "lógica de la razón", "lógica del corazón", "lógica de la vida" e inclusive una "lógica del absurdo" que, dialécticamente, pueden llevar a la verdad. Pero intentamos analizar el fenómeno político a través de la lógica aristotélica, olvidando que en política rige una lógica utilitaria y estomacal, porque sus protagonistas surgen casi siempre de planos inferiores de la clase media, gente frustrada en una carrera civil: economistas, abogados, ingenieros, médicos o "licenciados" en cualquier cosa que buscan en la política una compensación al fracaso profesional.
Entonces, que de sopetón un tutista se convierta en masista no acarrea conflictos de conciencia, porque una torcida manera de razonar --una lógica utilitaria-- antepone la persona a cualquier cosa, justificando deslealtades y traiciones. No es que tras larga meditación hayan comprendido que la ideología de Evo es mejor que la de Tuto, sino que mejor es estar en un barco nuevo que en otro a punto de zozobrar. ¿Hay o no hay lógica en esta manera de pensar?
El mismísimo Tuto tendría que aceptarlo. ¿Acaso él no fabricó un nuevo barco cuando su viejo bergantín, ya sin Capitán, se hundía?