Con "Lo más bonito y mis mejores años", Martín Boulocq se une al club del nuevo joven cine boliviano, junto a Rodrigo Bellot y Claudio Araya. Armado de una voluntad cercana a la obsesión, Martín decidió contarnos una pesimista y oscura historia urbana hace ya unos cuantos años. Finalmente, el esfuerzo, gracias al trabajo y colaboración de muchos, rindió fruto y ahora podemos verlo.
Técnicamente, el sonido está bien trabajado de principio a fin (bravo, J. Fernández y F. Aguilar), los diálogos son siempre claros, y la grata música de Diego Boulocq nos acompaña hasta después de acabada la película.
Martín, el director, es un dotado estudiante de la corriente cinematográfica que rescatarán; una vez más, los firmantes de Dogma 95. Boulocq maneja con talento y gusto la cámara al hombro y en varias ocasiones nos encontramos con magníficas tomas, a pesar de los limitados recursos con los que contaba. Eso es saber aprovechar el momento. Saber agarrarlo. Narrativamente, "Lo más bonito" es una juvenil odisea de caminos cerrados y mundos mediocres, es la historia que Martín buscó contar y su habilidad le otorga un sorprendente nivel de realismo. Ahí, los actores, y actrices, Alejandra Lanza, J. Pablo Milán, Roberto Guilhon y, no por breve menos presente, Rodrigo Lizarraga, junto a otros, son un elemento clave, todos hicieron un buen trabajo, a excepción de un par de momentos.
Inicialmente no me gustó el título, ahora, con la película ya vista, su fuerza irónica cobra fuerza (aunque...).
La opera prima de Martín es una lección cinematográfica en su estilo, uno que adquiere mayor realidad al utilizar una cámara caótica, casi no planificada.
La realidad, en la ficción, siempre es una ilusión, mas, en "Lo más bonito", una muy bien lograda. Con varias escenas memorables, el filme de Boulocq es una invitación para explorar la vida de estos personajes y sumergirnos en la noche urbana, con supersticiones, hipocresías y confusiones, es el mundo que Martín eligió, y él sabe como narrarlo. }