Las cumbres presidenciales sólo parecen servir para los discursos plagados de buenas intenciones y enunciados, cuando no para la proposición de obras faraónicas.
La ciudad de Santa Cruz de la Sierra será sede de la segunda Reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones entre el 8 y 9 de diciembre del presente año, según anuncio emanado de la XXX Cumbre de presidentes de los países miembros y asociados del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), celebrada el último viernes en Córdoba, Argentina.
Se trata de dar continuidad a la iniciativa de los presidentes del Perú y Brasil, Alejandro Toledo y Luiz Inácio Lula da Silva, respectivamente, para la creación de un organismo continental que sea interlocutor de otros como la Unión Europea, materializada después de un largo y dificultoso proceso.
Como idea, es desde luego plausible. Sin embargo, ninguno de los proyectos de integración de la región puede calificarse de exitoso por los diferendos subsistentes entre los países que la conforman y el desequilibrio que caracteriza a sus economías.
Tan es así que el propio MERCOSUR no acaba de perfilar su futuro, desde el momento en que congrega a naciones de distinto grado de desarrollo: las grandes como Brasil y Argentina, y las pequeñas como Uruguay y Paraguay.
La Comunidad Andina de Naciones, por su lado, busca nuevos derroteros al epílogo de las recientes confrontaciones entre Venezuela, que terminó por abandonar el sistema, y Perú, a causa de la decisión de éste de suscribir un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, en la misma línea que Colombia y Ecuador, situación de beligerancia de la que Bolivia no estuvo ausente hasta el instante en que su Presidente asumió la conducción temporaria del grupo con programa todavía no explanado.
En este contexto, no hay duda de que la Comunidad Sudamericana de Naciones demandará tiempo para concretarse, cual los mismos representantes del MERCOSUR lo reconocieron tácitamente al comunicar el encuentro de fin de año en territorio nacional, sin dejar de mencionar que se dará sobre la base del fortalecimiento de los bloques preexistentes; es decir, los citados líneas antes.
En el ínterin, las cumbres presidenciales sólo parecen servir para los discursos plagados de buenas intenciones y enunciados futuristas, cuando no para la proposición de obras que por su dimensión faraónica, exceden las posibilidades reales.
Para Bolivia, la de Córdoba no pasó de constituir escenario para que se le extendiese una invitación formal de incorporación plena al MERCOSUR, extrañamente condicionada por el presidente Evo Morales al ingreso de Cuba, además de permitir la realización de diálogos del mandatario con sus pares de Chile y Brasil, sobre cuestiones energéticas que seguirán siendo debatidas en otros niveles gubernamentales de cada uno de ellos.