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Cochabamba - Bolivia Sábado, 24 de febrero de 2007

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Amnistía Internacional en Bolivia

Por: JOSÉ LUÍS VARGAS AZERO
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De que Amnesty Internacional guarde neutralidad sobre la cuestión nacional y evacue un informe minimamente equilibrado sobre la situación de los derechos en Bolivia, dependerá que esa visión falaz del país "pacífico" se disuelva y que la comunidad internacional perciba que Bolivia se está convirtiendo en el laboratorio en que se gesta la intolerancia y el totalitarismo que amenazan hoy a todo el Continente

Amnistía Internacional está en Bolivia en una campaña para investigar los informes recibidos sobre violaciones a los derechos humanos en el país y, sin lugar a dudas, Cochabamba será un destino ineludible y el 11 de enero una referencia forzada en la búsqueda de establecer la situación real de los derechos humanos en el país.

Pero Amnesty no viene a indagar sobre un hecho aislado, lo ha dejado saber, sino a establecer un estado de situación general de las libertades fundamentales en el país. Por eso, uno de los principales antecedentes que indujeron a esta visita habrá sido el informe 2006 de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, que reporta un estancamiento con riesgo de franco retroceso en el respeto a las libertades civiles y políticas en Bolivia, y que contradice un poco a esa imagen de "país de las maravillas", que el aparato de propaganda del gobierno le vende a la comunidad internacional.

Y es que detrás del cerco mediático, en 2006 Bolivia vivió un duro proceso de radicalización de los grupos del gobierno, que el año pasado arremetieron violentamente contra la institucionalidad democrática y contra los derechos colectivos, apoyados por el discurso de "Bolivia para los indígenas", filosofía de la tesis económica oficialista del Capitalismo Andino.

Mineros cooperativistas del MAS que desde diputaciones y el Ministerio de Minería produjeron una masacre sin precedentes en Huanuni; cocaleros del MAS que desde el Viceministerio de la coca perpetraron y encubrieron la masacre y devastación de las zonas de cultivo tradicional de hoja de coca en Yungas Vandiola; colonos aymaras que bloquearon y atacaron a cívicos cruceños en San Julián y - sobre todo - grupos de choque cocaleros que tomaron la ciudad de Cochabamba y quemaron la Prefectura en una nefasta orgía de poder e intolerancia que conculcó la seguridad pública y el derecho a la libre expresión.

Más allá del derecho histórico de los pobres a que se les restituya el acceso a la tierra y el territorio, a la educación y la salud o a una equitativa distribución de la riqueza, lo que Bolivia vivió en 2006 se parece más bien al delirio racista del nazismo, que perpetró el despojo y marginación de los judíos, acusándolos de enriquecimiento a costa de la pobreza de los nativos arios, con el propósito de "restituir" derechos y riquezas a los originarios alemanes.

Del mismo corte ha sido el discurso gubernamental del MAS, que plantea un nacional socialismo de carácter étnico, con un estado centralizado que busca el control sobre todo el aparato estatal y una redistribución de los derechos que favorezca a los "originarios"; un país indio donde los derechos no son iguales para todos, sino que se asignan en función a supremacías raciales.

Será fundamental que Amnesty International mantenga una visión independiente y no actúe en función a estereotipos y simplismos étnicos facturados por la intelectualidad funcional al poder y de cuya exacerbación se ha beneficiado el gobierno para tratar de mostrar un país de blancos y negros. Amnesty no debe contagiarse de los sesgos de organizaciones locales de los derechos humanos, cuyo silencio y permisividad durante la supresión de libertades a mineros, cocaleros y ciudadanos que no son del gobierno, los hace cómplices de la sistemática conculcación de los derechos civiles y políticos que ejercita el MAS.

De que Amnesty Internacional guarde neutralidad sobre la cuestión nacional y evacue un informe minimamente equilibrado sobre la situación de los derechos en Bolivia, dependerá que esa visión falaz del país "pacífico" se disuelva y que la comunidad internacional perciba que Bolivia se está convirtiendo en el laboratorio en que se gesta la intolerancia y el totalitarismo que amenazan hoy a todo el Continente.

jvargasa@gmail.com

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