Cochabamba - Bolivia
Sábado, 24 de septiembre de 2005

 
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Puntos de Vista
La evasión de Palmasola -
El profeta y los filisteos (I) -BERNARDO ELLEFSEN
Un encuentro de "los verdes" -URBANO CAMPOS
En el Día de Santa Cruz -PAULOVICH
Superintendentes ¿para qué? -WILLIAM KUSHNER DÁVALOS
 
Nacional
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Local
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Economía
Los recursos que entregue Entel a AFP deben ser más rentables
Legalización de autos "chutos" arriesga unos 5.000 empleos
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TLC: Bolivia consigue apoyo de andinos en ronda de negociación

 
Internacional
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Muchos pobres no pueden huir del huracán
Ola de inundaciones deja trágico saldo en Rumanía
Un autobús con evacuados arde y mueren 24 ancianos

 
Tragaluz
El autor de "Niña camba" prepara su noveno disco
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Deportes
Fröebel se clasifica campeón en voleibol
Se inicia hoy ronda clasificatoria de tenis
Dictarán curso sobre plan de entrenamiento
Sucre, capital del motociclismo
El profeta y los filisteos (I)
Por:BERNARDO ELLEFSEN

Acabo de terminar la lectura de una amena biografía de Karl Marx, escrita por el inglés Francis Wheen. La leí en inglés, pero supongo que ya se ha traducido e impreso en castellano y si esto aún no ha ocurrido, no tardará. La biografía es simpatética hacia Marx e incluso hacia sus ideas. El biógrafo admite las críticas que se han hecho al opus mágnum marxista, "Das Kapital" , y cuando trata de defender ciertos aspectos da ejemplos que empeoran las cosas. Wheen es escritor, biógrafo, y no pensador social o económico. Pero lo que más me llamó la atención es que quienes pusieron de lado a " Das Capital " no hayan tomado nota de los aspectos brillantes del pensamiento marxiano, que ciertamente nada tiene que ver con economía política ni con el socialismo, y que, para colmo, ni siquiera figuran en ese libro de menguados méritos --como lo reconoce su biógrafo-- que es el "El Capital".

Karl Marx vivió los últimos treinta años de su vida en Inglaterra, hasta su muerte en 1883. Ese país no sólo lo acogió, sino que no lo entregó a los gobiernos reaccionarios que bien querían meterlo entre rejas. Marx fue expulsado de Francia en 1845 por un pedido especial del gobierno prusiano al rey francés Luis Felipe, mediante una carta que en enero de ese año entregó personalmente el esclarecido Alexander von Humboldt. Desde la liberal Francia, Marx y otros exilados remitían a Alemania sus escritos contra el absolutismo y la reacción prevalentes allende el Rin. Como antecedente de este anti-absolutismo, había el intento de asesinar al rey prusiano Federico Guillermo IV en 1844; así que Luis Felipe accedió, porque, como señaló el biógrafo de Marx, los monarcas contaban con su propia solidaridad masónica.

A instancias de Engels, Marx se fue a vivir a Londres. Un nuevo intento de asesinato de Frederick Wilhelm IV llevó el hilo de los conspiradores hasta su origen intelectual en Londres. Como se sabía que los ingleses eran indiferentes a las cuitas de los extranjeros, los agentes prusianos informaban falsamente que esos exilados querían asesinar a la reina Victoria; pero el primer ministro Palmerston no hizo caso de estas evidentes difamaciones. Atendiendo a la queja contra los conspiradores regicidas que hizo el embajador austríaco a Sir George Gray --entonces Home Secretary o ministro del interior--, este le contestó: "Bajo nuestras leyes, la mera discusión de regicidio, mientras no concierna a la reina de Inglaterra, y mientras no haya plan definido, no constituye base suficiente para el arresto de los conspiradores". Y Marx aborrecía la idea de un plan contra la reina Victoria.

Al lector de este artículo el tema le parecerá insulso, pero no lo era en el siglo XIX. Actualizaré el magnicidio: supongamos que hay una asociación que propugne el asesinato del papa; para agravar las cosas que se disculpe el magnicidio diciendo que no es homicidio, sino perricidio. Ahora creo que el ejemplo está actualizado.

No sólo Marx no decía una palabra contraria a la dignidad soberana de la reina Victoria, sino que se cuidaba de instar a nada que fuese revolucionario en la pacífica Inglaterra. Así escribió Marx a Engels en 1848: "El cuerpo del pueblo inglés, sin volverse un pueblo esclavizado se está convirtiendo en un pueblo eminentemente pacífico... Conflictos organizados como los que podamos ver en Francia, Alemania, Italia y España no pueden tener lugar en este país. Organizar, conspirar para una revolución en este país será un proyecto vano y tonto". Consejo que discrepaba con el pensamiento que aún entonces tenía Engels. Es obvio que esta prudencia de Marx lo protegió de ser expulsado de Inglaterra; empero afirmaciones comparables se leen en "El manifiesto comunista" y en muchas de sus cartas privadas. Tales afirmaciones --que corresponden con una realidad política evidente-- hacen surgir una terrible pregunta: ¿Cómo es posible que sea tan burguesa justamente Inglaterra, la más antigua nación industrial y dotada de u a inmensa clase obrera? Para salir de esta evidente contradicción Lenin desarrolló su teoría del imperialismo: la clase obrera en los países de habla inglesa no es revolucionaria porque se halla en naciones imperialistas que la benefician de la explotación del resto del mundo. Magnífica explicación; sólo falta que no sea una verdad a medias o a cuartos. A los amables lectores les daré la verdadera explicación estrictamente materialista: la clase obrera se va convirtiendo en pequeña burguesía porque se explota a los verdaderos esclavos de la era industrial: las máquinas. La técnica es el motor de la historia, que subyace a la lucha de clases y a todo lo demás en el quehacer histórico, porque la técnica es infraestructural mientras que el modo de producción es estructural. Como esto no estaba subrayado así ni en Marx ni en Lenin, no vieron la contradicción básica entre sus planteamientos y la realidad objetiva. Así, la explotación económica de otros países no puede finalmente cambiar el verdadero dinamismo de a industrialización. Pero dejaré para el siguiente artículo el seguir tratando de la relación del profeta Marx con los filisteos ingleses.


 
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