Bagdad | AGENCIAS
El primer ministro Nuri al-Maliki pidió ayer a los chiíes y suníes iraquíes que usen el mes santo del Ramadán para dejar de lado sus diferencias y terminar con la violencia sectaria, un día después que 38 chiíes murieron en un ataque dinamitero en la capital.
Pero un desacuerdo sobre el día que comienza el Ramadán ha dejado en evidencia lo profundas que son las diferencias entre las dos sectas musulmanas más importantes del país.
Los suníes comenzaron a observar el Ramadán el sábado, mientras que el clérigo chií más influyente de Irak, el Gran Ayatola Ali al-Sistani, declaró que el Ramadán empieza hoy.
Además de los muertos en el ataque dinamitero del sábado en la barriada chií de Ciudad Sadr, otras 42 personas resultaron lesionadas mientras se abastecían de combustible para Ramadán.
El ataque tuvo lugar pocos días después que los militares estadounidenses advirtieron que podría incrementarse la violencia sectaria durante el mes santo islámico.
En un comunicado, Al-Maliki pidió a la población que se una. "Estamos todos invitados a utilizar estos días para fortalecer los lazos de la hermandad y evitar cualquier cosa que pueda perjudicar a la sociedad iraquí", declaró Al-Mailiki.
"Irak está viviendo un período muy delicado e histórico, vivimos como hermanos queridos, lado o lado y no divididos por el sectarismo, o Irak se convertirá en un área para ajustes de cuentas de partidos políticos", sostuvo.
Por otra parte, al menos 20 personas murieron, entre ellas dos soldados estadounidenses, y otras 43 resultaron heridas en una oleada de atentados perpetrados ayer en diferentes zonas de Irak.
El más mortífero de esos ataques dejó al menos nueve personas muertas y otras 30 heridas, y fue cometido por un suicida en un mercado de la localidad suní de Al Qaem, 450 kilómetros al noroeste de Bagdad, cerca de la frontera iraquí con Siria.