Una reversión se justificaría siempre que no sea demasiado onerosa; que se ajuste al ordenamiento jurídico del país y convierta a los trenes competitivos frente al transporte por carretera.
Los prefectos de Oruro y Potosí, junto a representantes de las prefecturas de Cochabamba y Santa Cruz, suscribieron en la ciudad de Pagador, el pasado martes, un convenio para impulsar la reversión al Estado del ramal ferroviario occidental, en manos de un consorcio chileno como efecto de la capitalización dispuesta por la administración de Gonzalo Sánchez de Lozada, además de haber tomado simbólicamente y con numeroso acompañamiento, la tradicional estación orureña.
Según el documento, ese proceso de transferencia fue inconstitucional y dañino para los intereses nacionales, por lo que sus firmantes decidieron ratificar los términos de un proyecto de decreto supremo presentado al gobierno para la interconexión del Corredor Ferroviario Santos-Arica y la ampliación de los demás ramales.
Al parecer se trató del corolario de iniciativas de la Prefectura de Cochabamba, tendentes a la rehabilitación del tramo que viene a esta ciudad desde Oruro, así como del que se extiende hasta Aiquile, en la perspectiva de rematar en Santa Cruz de la Sierra, las cuales habrían despertado no sólo el interés y respaldo de sus pares de las otras capitales mencionadas, sino inclinado a la acción conjunta de sus autoridades.
Para Oruro, centro histórico del sistema ferroviario nacional, el regreso de las locomotoras y convoyes debe ser una cara aspiración después de años de haber perdido su condición de punto de enlace entre el altiplano y los valles, así como de la costa del Pacífico y la desembocadura del Plata, circunstancia que le dio un singular movimiento.
Asimismo, para Cochabamba la recepción de esas corrientes por conducto de los rieles y viceversa, fue de alto significado a pesar de la postergación del empalme con la capital oriental y, peor todavía, de los constantes desperfectos del segmento conocido como "zona roja" en la ferrovía a Oruro, causantes de millonarias al par que dispendiosas erogaciones de recursos económicos.
Producida la capitalización, la empresa que asumió la conducción del ramal occidental, no tardó en disminuir y paralizar finalmente sus servicios, a diferencia de lo ocurrido en el oriente, aduciendo escasa o nula rentabilidad, lo que acabó por traducirse, sobre todo en el tendido Oruro-Cochabamba, en abandono de estaciones intermedias, con grave perjuicio para poblaciones adyacentes, y virtual desmantelamiento de la infraestructura carrilana.
Una reversión como la planteada se justificaría siempre que no resulte demasiado onerosa; que se ajuste al ordenamiento jurídico del país y, sobre todo, convierta a los trenes competitivos frente al transporte de viajeros y carga por carretera.
Sin esas condiciones cualquier empeño, por bien intencionado, será infructuoso.