Si de librar a la laguna Alalay de alcantarillas que serían principal causa de la proliferación de macrófitas se trata, es excesivo el plazo de 90 días establecido por la Dirección de Medioambiente de la Alcaldía y el Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado para alcanzar el objetivo, por cuanto en ese lapso el fenómeno seguirá evolucionando, lo que a su vez tornará inútiles las faenas de retiro del manto verde que va cubriendo la superficie del espejo.
Todo desfogue de aguas servidas que se origine en la periferia de la laguna descubrirá su carácter clandestino, atribuible a propietarios insensibles respecto del interés general y, por ello mismo, sujetos no sólo a remediar su inconducta en término perentorio, sino a sanciones que sienten precedente.
En este sentido, es inexplicable la largueza de los funcionarios de aquellas reparticiones para con los infractores, salvo que no exista allí forma de acceder al sistema público de alcantarillado.
Como bien se ha dicho en distintas esferas de la comunidad, Alalay es un pulmón que permite que Cochabamba cuente con una atmósfera relativamente húmeda y saneada, hecho que debiera inclinar a sus autoridades a preservarlo sin miramiento alguno.
Más aun, la ocasión es propicia para que se repare también sobre la suerte de Coña Coña en proceso de desaparición, y cuyo vecindario ha clamado porque se la rehabilite o acabe por cubrírsela de tierra de modo tal que cumpla otra función.