La Paz | Agencias.- Quienes estuvieron cerca de él, dicen que murió en su ley y que por ello, no debíamos sentir pena. Víctor Hugo Viscarra, el escritor del lumpen paceño, el narrador de las historias más bizarras de la hoyada paceña, fue despedido ayer por la tarde por no más de dos decenas de amigos.
Su última morada, donde finalmente descansará en paz, será de ahora en adelante uno de los pasillos del Cementerio General de la zona norte, a la que tanto reivindicaba. Pues aquel hombre de los márgenes, el que hiciera del alcohol un mundo y un tema literario, pareció no querer escaparle nunca a su destino.
"Lastimosamente, murió solo", dijo el director de teatro Guido Arce, quien recuerda a Víctor como un amigo de barrio. "Creo que quería ese final, pues mantenía un perfil muy bajo. Vivíamos frente a frente, en Challapampa, donde pasábamos noches de farra y tertulia", dijo Arce.
La biografía de Viscarra dirá que nació en La Paz, que era capricorniano hincha de Unión Maestranza de Viacha, que escribió cinco libros ("Coba: lenguaje secreto del hampa boliviano", "Relatos de Víctor Hugo", "Alcoholathum y otros drinks", "Borracho estaba pero me acuerdo" y "Avisos necrológicos"), y que pese a su deliberada forma de buscar la muerte, también amó la vida. "Caminando por el mundo, me di cuenta que los de mi edad eran wawas al lado mío. Al igual que los niños de la calle, he madurado antes de tiempo, y la vida me ha dado sabiduría desde temprana edad", dijo en una de sus tantas entrevistas.
El parte médico dice que murió de una cirrosis fulminante. En los últimos años, desde fines de 2003, Víctor Hugo había intentado alejarse de su amigo más fiel, el trago. Lo logró, estuvo 11 meses sin beber hasta que un amigo le pidió catar un preparado. Y de ese falaz modo, volvió a sus andanzas sin temor a caer bajo el manto de la noche que tanto amaba.
Para Manuel Vargas, su mecenas en los últimos tiempos, el escritor rebelde insistió hasta los últimos momentos de su vida en dar la voz por los desposeídos. "A él le ha tocado vivir un mundo de injusticias, que no es algo que haya elegido, al final la vida lo llevó por sus caminos y él aceptó todo con honor".
Durante el velorio, no estaba presente ningún familiar. Nadie sabe si hasta hace poco los tenía, pues él nunca quiso hablar de ello. "Al único que extraño es a mi viejo don Hipólito. Es que entre caivitos podíamos haber charlado, porque me emputa la soledad", era otra de las quejas de Viscarra.
La primera edición de "Coba: lenguaje secreto del hampa boliviano" (1981) lo rescató del anonimato gracias a la intervención de Antonio Paredes Candia. Fue él quien denunció que la Policía Nacional había hecho uso indebido del trabajo del escritor, publicando el texto como si se tratara de autoría institucional.
Tres amigos en la despedida
Tan sólo un trío de amigos, trascendiendo a alcohol como lo hacía el querido Víctor, se sentían sus verdaderos hermanos en el acto de despedida.
"Estaba con nosotros en Chijini, dormía donde podía y a la mañana se despertaba contento por poder ver el sol. Era un lindo amigo de verdad, le invitaban los de la clase alta pero él no se olvidaba nunca de nosotros", dijo, entre sollozos, Juan, acompañado de Ricardo y Renán, del grupo "Los Quicos".
Otro de sus inseparables fue Armando Urioste. Para él, lo mejor que ha demostrado Víctor Hugo fue su invaluable aprecio por la vida. "Era un bondadoso que no le ha hecho mal a nadie. La vida le había pagado con moneda dura, y él agradeció dejándonos literatura. Hay que estar agradecidos por eso".
Fueron varias las puertas que se le abrieron, pero él prefería su vida marginal por sobre todas las cosas. "¿Para qué cambiar?, me siento tranquilo. Con que no me falte un trapo para cubrirme y algo que comer". No tenía ningún parecido con Morrison, Hemingway o Bukowsky, más allá del gusto por la bebida. Era Víctor Hugo Viscarra. Nuestro antihéroe.
"Relatos de Víctor Hugo" fue su segunda obra (1996). A mediados de 2001, publicó "Alcoholatum y otros drinks", y en 2002 Correveydile publicó "Borracho estaba, pero me acuerdo", de edición agotada.
48 años a la intemperie
NACIMIENTO
Víctor Hugo Viscarra nació en La Paz hace 48 años. Bajo el signo capricorniano.
MUERTE
Dejó este mundo el 24 de mayo en la ciudad de La Paz, también dejó 5 libros publicados.
AL PIE DEL CAÑÓN
Desdén a los formulismos
"Murió al pie del cañón", le hubiera gustado a Víctor Hugo Viscarra que le escribieran como epitafio, si es que no hubiera sentido siempre un soberano desdén hacia todos los formulismos con los que se disfraza nuestra débil y frágil humanidad en un mundo impregnado de hipocresía y banalidad.
Una galopante cirrosis se lo llevó al otro mundo este miércoles. Posiblemente, con su sentido vallejiano, hubiera preferido que fuera jueves, pero el hecho es que partió para encontrarse con su hermana de toda la vida: la muerte. Y lo hizo de la única forma que puede hacerlo un artillero. (P.C.)
LA LITERATURA
Una excusa para gritar
¿Qué es la literatura para Víctor Hugo Viscarra? Probablemente una excusa para expresar lo que piensa en voz alta, para convertirse en la voz interior de quien lo lea y hablar con él a calzón quitado, con el único propósito de sacudirle el piso, darle un par de bofetadas a esa existencia cómoda y anodina que lo único que hace es ahogarse en un vaso con agua, porque no tiene ni la más remota idea de lo que significa habitar en la calle.
No debemos descartar que la escritura para el autor se convierte en un exorcizante remedio que le permite sentirse acompañado, dejando de lado la vaguedad de su presencia, entre el bien y el mal, la superficie y profundidad, entre el día y la noche... (V.H.R.)
ESCUDO METAFÍSICO
Sin fábulas piadosas
Hay un rasgo en Víctor Hugo Viscarra que es propio de los lumpen iluminados, de Diógenes a Bukowski, de Empédocles a Genet, que consiste en una suerte de escudo metafísico --a veces histérico- interpuesto entre la realidad cotidiana y los mecanismos de asimilación de la misma, un filtro sin el cual ni un mínimo de equilibrio sería posible: consiste en el hecho de reírse de todo, incluso de las cosas más espantosas. Si el resultado, a veces, parece una caricatura más que un reflejo de las sociedades que retratan, es sólo porque están suprimidas las metáforas innecesarias, las fábulas piadosas. (F.S.)