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Cochabamba - Bolivia Jueves, 27 de marzo de 2008

El referendo en democracia-
Las raíces de la crisis financiera de los Estados Unidos- Jeffrey d. Sachs
Vanguardia neoliberal del MAS- Erika Brockmann Quiroga
Autorización provisional- Paulovich
Economía y política- Gastón Solares Ávila
Desafío global anticorrupción- William Kushner Dávalos
En pos del crimen y la barbarie- Mauricio Aira
Los que estudian y los otros…- Claudia Soriano
Donativos humillantes
PIPOCAS

Economía y política

Por: Gastón Solares Ávila
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Es bien sabido, ya sea por estudios o por experiencia propia, que la inflación galopante como la que sufrió Bolivia en la década de 1980 desarma no sólo un proyecto económico, sino también político. El actual Gobierno asumió el poder en un momento de extraordinaria bonanza porque los precios de los hidrocarburos y de los minerales se incrementaron constantemente para llegar a niveles sin precedentes.

Esa razón hizo que se incrementaran considerablemente las reservas del Banco Central y, es justo reconocerlo, aumentaron también los ingresos como consecuencia de la renegociación de los contratos sobre hidrocarburos, que el Gobierno llama nacionalización, así como los que corresponden a remesas del exterior. Llegó a tal extremo el optimismo gubernamental que el Vicepresidente llegó a decir que en un solo año la nueva administración de los recursos públicos fue una cátedra para el país.

Pero la cátedra se vio seriamente afectada por la desatinada presencia militar, que sólo aumentó el show, por las innecesarias declaraciones que pretendían demostrar al mundo la fortaleza del nuevo gobierno, estrategia que sólo sirvió par ahuyentar las inversiones que ahora tienen como resultado la falta de producción de gas, tanto para el consumo interno como para los compromisos internacionales firmados con bombos y platillos.

En el segundo año de este Gobierno, se inició el proceso de inflación por varias causas no imputables exclusivamente al manejo interno de la economía, sino a otras internacionales. Como Bolivia no es una isla, se verá seriamente afectada por la crisis norteamericana, que no está provocada solamente por los ciclos de la economía.

Medidas populares, o populistas más bien, como el bono "dignidad" o el "Juancito Pinto", que gastan dinero en lugar de invertir y seguir el ejemplo de Cuba, Venezuela y Ecuador, es ponerse al otro lado de la medalla porque Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y Perú están en la corriente del comercio mundial y están dedicados a atraer la inversión internacional, mientras los bolivianos estamos a punto de ponernos de rodillas para reducir los volúmenes de exportación por la falta de producción de gas, ocasionada precisamente por la falta de inversión.

Lo primero que tenemos que hacer es entender el verdadero significado de dignidad. El Gobierno cree que es muy digno, por ejemplo, rechazar una donación de 20.000 toneladas de harina americana, arremeter con vehementes declaraciones contra Estados Unidos y minimizar la importancia de la prolongación del ATPDEA, mientras utiliza helicópteros, tripulación y seguridad venezolana, permitiendo, además, que el caribeño vinculado a las FARC venga y mande gente a Bolivia como si fuera su casa.

Un ajuste de timón en la economía es urgente porque el Fondo Monetario Internacional ya ha advertido que de no tomarse medidas adecuadas, la inflación puede pasar el 30% al finalizar esta gestión. Bolivia está en la cola del crecimiento económico en la región con un 3.8 %, mientras que Argentina ha llegado al 8.6, Perú al 8.2 y Chile y Brasil al 5.8. Venezuela está en 8.5% desde hace aproximadamente 6 años, es cierto, paradójicamente gracias a sus exportaciones de petróleo a Estados Unidos.

Eso de cargarle la culpa de los males de la economía, entre los que está la inflación, a los empresarios, a los oligarcas y a "pequeños" grupos de oposición, es una soberana estupidez y esas declaraciones están destinadas a ofender al pueblo aprovechando su ingenuidad y su ignorancia. Sin embargo, detrás de ambas cosas, por contradictorio que parezca, está su sabiduría, resultante de la intuición, que explica aquello de que la voz del pueblo es la voz de Dios.

La oposición en Bolivia ya no está compuesta por partidos políticos y mucho menos por sus líderes, sino por las regiones que se han dado cuenta de que el centralismo no funciona para alcanzar un desarrollo armónico y equilibrado. Por eso es que el proyecto autonómico cada día acapara mayor vigencia. Por esa razón, tampoco es posible armonizar un proyecto de constitución con los proyectos de estatutos regionales, sencillamente porque son polos opuestos. Los esfuerzos de diálogo sobre este tema, serán vanos.

Sin embargo, el tema económico ante los peligros que acechan, es distinto y prioritario, por lo que se precisa de un esfuerzo conjunto entre oficialismo y oposición para enfrentarlos y, para hacerlo con eficiencia, se requiere de gente de experiencia y capacidad que el Gobierno debería convocar Ya se ha dicho: la inflación, si no se toman medidas adecuadas, acabará con el proyecto económico y con el proyecto político.

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