En esta época del año, se los encuentra a cada esquina, las plazas de la ciudad, los ingresos a los templos, vestidos con su típico traje de bayeta oscura y un sombrero claro, estirando la mano pidiendo una moneda o, en el caso de los niños, cantando y bailando la "Cholita Marina" en quechua. Son los migrantes de la región conocida como Norte Potosí, que como cada fin de año, aprovechando la época de movimiento económico y el espíritu navideño de la población urbana, vienen a exigir su "aguinaldo".
La mayoría de la gente sólo los ve de un día para otro. Pero el éxodo es un poco más complejo. Muchos abordan camiones de alto tonelaje para venir en conjunto, llegar hasta la ciudad, indicarse entre ellos en qué lugares, parroquias o mercados pueden llegar a dormir e incluso "repartirse" la ciudad para pedir limosna.
Otros vienen de forma independiente, por caminos de herradura, especialmente de los municipios de Tapacarí, Bolívar y Tacopaya.
La mayor parte de las veces vienen mujeres y niños, supuestamente porque son los que más sentimentalismo pueden despertar en la población para pedir limosna y porque los hombres se quedan en sus comunidades en esta época de siembra.
Sin embargo, la verdad es que también algunos hombres vienen con sus esposas a hijos. Los hombres trabajan en los mercados como cargadores o en las construcciones como ayudantes de albañil.
Jacinto Choque, oriundo de San Pedro de Buena Vista del Norte de Potosí, dice en quechua: "Me estoy ganando entre 20 a 30 bolivianos (por día) de ayudante de albañil. Cada año a estas fechas vengo con toda mi familia para trabajar".
En cambio, las mujeres y los niños tienen que pedir limosna estirando la mano o el sombrero en las calles y las plazas para lograr algunas monedas y algo de alimentos. Algunos tienen que vender manzanilla, dulces, tostado de haba y otros pequeños productos.
Doña Petrona Mamani, de la provincia Bolívar, dice en su idioma materno que se vino con sus cuatro hijos a la ciudad para ganarse algo de dinero, ya que la granizada dejó los sembradíos en malas condiciones.
Según los migrantes, al no contar con alguien que los cobije, tienen que dormir en la intemperie, en algunos mercados o en la sede de la Federación Departamental de Campesinos de Cochabamba, juntamente con sus hijos.
Sin embargo, algunas parroquias e instituciones de asistencia les proporcionan un espacio para que puedan descansar durante los días de permanencia en la ciudad. Generalmente, la estadía comienza en los primeros días de diciembre, previendo el "calentamiento" del desprendimiento social en Navidad, y concluye después del 6 de enero (fiesta de Reyes).
Estas instituciones también los asisten con alimentación y algo de ropa para sus hijos, como lo hace la Compañía de Jesús, ubicado en la calle Bautista y General Acha, que además de prestarles alimento, suele brindarles asistencia en salud e higiene, pues, el servicio incluye corte de pelo, control de parásitos, revisión odontológica y otros servicios con ayuda de otras instituciones y voluntarios.
Como es costumbre la Iglesia Católica, a través del Arzobispado de Cochabamba, presta el apoyo necesario con estas personas al otorgarles desayuno en las mañanas en las parroquias y darles también ropa.
Un lugar donde se capacitan
Otra de las instituciones que se dedica a proveerles de herramientas de superación a los migrantes de Norte Potosí es Taipy.
Algunos de sus proyectos tienen que ver con la formación y capacitación de los niños y de las mujeres adultas.
Hasta el momento, según los responsables, se hicieron buenos logros con los aportes de la colaboración extranjera, especialmente de Canadá, aunque últimamente el proyecto ha ido avanzando de forma autosostenida.
Según la directora, María Rodríguez, en esta institución los migrantes aprenden de todo, como hablar español, a cocinar, algunas actividades manuales, en talleres, e incluso las tareas básicas d cualquier empleada doméstica (trabajadora del hogar).
Según Rodríguez, estos trabajos continuarán, ya que ven con mucha preocupación la situación del campo, donde la mayoría no tiene ninguna oportunidad de sobresalir, tomando en cuenta el porcentaje de analfabetismo.
VIAJE DE UN MES
Aparecen desde los primeros días de diciembre y se quedan hasta después de Reyes, ya que existen familias que de manera particular les reparten víveres, ropa y el desayuno de navidad.
Llegan de diferentes lugares del Norte de Potosí, comunidades quechuas y otras aymaras, como Jupapina, Kay Huasi, Humamanta y otras más.
Los vemos todo el año, pero en estas fiestas la migración se incrementa, porque es también la época en la que pueden conseguir lo que necesitan.
Vienen, sobre todo mujeres, niños y ancianos. Las mujeres dicen que sus parejas se quedan en el campo para cuidar sus terrenos y cosechar las habas sembradas.
Sólo siembran para comer. La tierra, según dicen, no les da para más. Cultivan haba, papa y "alguna otra cosa".
Muchas familias deciden preparar a sus hijas adolescentes para que se queden en la ciudad y trabajar de empleadas o de cuidadoras, pero su dificultad para hablar el español se convierte en una traba para poder desenvolverse en el mundo urbano.