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Cochabamba - Bolivia Viernes, 28 de marzo de 2008

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PIPOCAS

Vanidad, falso orgullo e indignidad

Por: Winston Estremadoiro
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Un invento del que he tomado noticia a través del humorista peruano Sofocleto es la máquina descojudizadora. Es artilugio de aplicación bucal como la brida, que en Mongolia usan para desasnar caballos. Reducido en tamaño en China, se aplica a políticos para abrirlos a la sensatez. Pues necesitan una pasada la ministra cuya dignidad se convierte en hambre indigna de infelices víctimas de desastres naturales, y el trío de ministros soberbios que pecan al desorientar con ocurrencias ignorantes

Dicen malas lenguas cada vez más numerosas, que Evo Morales lo hace peor de Presidente de los bolivianos, que de futbolista en lances en que recibe insólitas felicitaciones del guardameta al que le mete goles. La vanidad hace que los valores anden tan trastocados, que el gol en que dejaron sin marca al Pelé de Orinoca flameó en primera plana y en noticieros televisivos aquí, allá y acullá.

El mismo día una primicia vomitiva apenas mereció página secundaria. Me refiero a la irónica nota del sólido periodista que es Mario Espinoza Osorio, de que el Ejecutivo rechazó "por dignidad" un regalo estadounidense de $10 millones de dólares en harina para los damnificados de desastres naturales. La califiqué de emética porque me indispuso de veras.

En una Semana Santa en que el humilde "Señor, aparta de mí este cáliz" de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní el jueves, conmueve mi fibra tanto como el "Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?" de su humano desespero el viernes a las 3 de la tarde, cavilé sobre el orgullo y la vanidad, dos pecados capitales, y dos virtudes excelsas, dignidad y humildad, que en versión falaz también son pecaminosas. Mientras los unos campean en el Palacio Quemado, clandestinas andan las otras, salvo en versión falsa de la propaganda oficial, que solo estimula el resentimiento y el fanatismo.

Y es que a pesar del machacón spot de dignidad del Evo Cumple, ¿qué más patético ejemplo de falso orgullo, que rechazar $10 millones de dólares, en 20.000 quintales de harina en momentos que empiezan a surgir ominosas evidencias de una crisis alimentaria mundial?

La ministra de agricultura, tsunami que como dice la canción, está que se va, y se va, y se va, y no se ha ido, ganó puntos apelando a la muletilla de la dignidad, con adulonería a su jefecito que la anda peloteando por su gestión inefectiva. Poco le importó que para las madres de la ciudad de las carpas en su inundada Trinidad, ser dignas significaría contar con la harina para mezclar con manteca o queso, donaciones que vinieran de donde fuera porque a caballo regalado no se le miran los dientes, para hacer buñuelos o fritos y dar desayuno y cena a críos hambreados de jugar en agua todo el día, que mal pueden emular al Evo futbolista si no hay terrenos secos.

El Ministro de Producción demostró una vez más que la ignorancia, aparte de atrevida, no reconoce izquierdas o derechas políticas. No aprendió del papelón de Luis Alberto Arce, su colega Ministro de Hacienda, que ante la subida del pan en Santa Cruz, preconizó el año pasado que se comiera yuca, ignaro de que la harina del tubérculo tropical es más cara que la resultante de moler trigo. La inopia de Javier Hurtado vino de mano del triplicar de precio del pan de batalla: "tenemos que estar preparados; mejor volvemos a comer "phuti" de maíz", sentenció el gurú de la producción, que quizá nunca ha abierto un surco, pero ministro que es, no le faltarán marraquetas o tortillas en la mesa. Los dos dignatarios de Evo Morales replican la sandez del dictador García Meza, que ante la carestía de carne para las dietas bolivianas, recomendó comer charque, que no es tan humilde si se toma en cuenta que para salar y secar un kilo se necesitan tres de carne.

Hoy la ministra de agricultura confunde peras con manzanas en demagógica juntucha de precios de aceite crudo y refinado. En tono doctoral, el vocero de la Presidencia cita precios de aceite boliviano en Chile y Perú, sin saber de fluctuaciones en mercados mundiales que hacen del negocio agrícola una ruleta rusa, ni rendirse ante evidencia de facturas de exportación de hace unos días. ¿Es parte de una satanización del sector agropecuario del oriente, o simple ignorancia? Creo en lo primero, ya que ahora sus ignaros partidarios empiezan a clamar por nacionalización, que no es otra cosa que despojo.

Cuando llueve, debería llover para todos. Pero este es un gobierno desubicado, escudado en cobrar deudas étnicas sobre bases históricas distorsionadas, empeñado en destruir la locomotora productiva de Bolivia. Esa Santa Cruz persistente en su proceso democrático de autonomía, que no es otra cosa que manejar sus propios recursos. Fracasa la perfidia gobiernista, ya que la autonomía es hoy consigna en 7 de 9 departamentos.

Congelar precios y vetar la exportación de rubros agrícolas, afectan a los que viven y trabajan en ese crisol de la bolivianidad que es Santa Cruz. Son agresiones de un gobierno centralista para doblar la cerviz de los cambas autonomistas. Si no lo fueran, ¿cómo es que no se ha prohibido la exportación de quinua, habas y rubros agrícolas en auge en el occidente boliviano? Si se duplicó el precio de la tonelada de trigo, ¿no quiere decir que el precio de la harina importada de Argentina aumentará proporcionalmente? De los $600 millones de que dispone el gobierno, ¿no deberían otorgar créditos para incrementar una siembra de emergencia de trigo invernal en el oriente? En lugar de tener a los militares de panaderos, ¿por qué han tardado tanto en desplegarlos para frenar el contrabando de gas y alimentos al Perú?

Un invento del que he tomado noticia a través del humorista peruano Sofocleto es la máquina descojudizadora. Es artilugio de aplicación bucal como la brida, que en Mongolia usan para desasnar caballos. Reducido en tamaño en China, se aplica a políticos para abrirlos a la sensatez. Pues necesitan una pasada la ministra cuya dignidad se convierte en hambre indigna de infelices víctimas de desastres naturales, y el trío de ministros soberbios que pecan al desorientar con ocurrencias ignorantes. Sin falsa dignidad habrá que traerla con ayuda de quien sea. De otra suerte, el mal gobierno puede llevar a la desesperación de una solución por el desastre.

Dios mío, Dios mío, ¿por qué nos has abandonado?

winstonest@yahoo.com.mx

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