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La industria aceitera y el mercado | | Se hace cada vez más difícil prever lo que ocurrirá entretanto la ideología y la política sectaria sigan sobreponiéndose a la economía y los fenómenos que implica.
De acuerdo con el Vicepresidente de la República, los agropecuarios del oriente debieran cambiar de mentalidad para garantizar el abastecimiento interno de sus productos antes que acudir a las exportaciones, sin que ello signifique, según precisión suya, restarle legitimidad a que prefieran ver el mercado externo sin preocuparse por el nacional.
El criterio del segundo mandatario salió a la luz pública en medio del conflicto suscitado por la prohibición de exportar aceites comestibles decretada por el gobierno del Movimiento al Socialismo la semana pasada, con el justificativo de evitar que las industrias del rubro eleven precios y garantizar el abastecimiento del mercado propio.
Para Alvaro García Linera, "lo mejor que produce el país, tiene que ir para el país y luego, lo que sobra, el excedente, tiene que ir afuera". Más aun, en su opinión "nadie rechaza la globalización", aunque "hay formas dignas de estar en ella", como "producir, garantizar el mercado interno, y lo que sobra exportarlo", en vista de que "la lógica del mercado libre, libertino de las últimas décadas, ha introducido una mentalidad de que mejor es vender todo afuera", lo que representaría "una hipoteca para el futuro de los bolivianos".
La opinión del segundo mandatario no toma en cuenta que la fabricación de aceite vegetal en Bolivia ha sido precedida de un sustancial crecimiento de la frontera agrícola y que tanto el precio de la materia prima como el del producto elaborado, se rige por la cotización internacional, dado que de no ser así, la actividad del sector estaría fuera de toda competitividad.
Ignora, asimismo, que gracias a la visión y esfuerzo de este último, la nación dejó hace tiempo de importar, sea por la vía legal o del contrabando, ese producto esencial, sin que se hubiese advertido su escasez en los centros de consumo, en razón no sólo de que la demanda fue siempre satisfecha, sino que la oferta permitió que los excedentes fuesen exportados luego de la gradual y fatigosa apertura de mercados foráneos, con el consiguiente ingreso de divisas a la economía, el superávit de la balanza comercial en algunos casos y el aporte a la riqueza nacional, en fin.
Peor todavía, el Vicepresidente, muy dado a abarcar todo tipo de asuntos, deja de lado lo que constituye la cadena productiva de esta mercancía específica, la que involucra a los productores de diversa magnitud, a los transportistas y prestatarios de otros servicios inherentes; a los comerciantes y quizá a más elementos de los que sólo los especialistas pudieran dar cuenta, conjunto que en las presentes circunstancias, se ve impedido de concurrir al negocio por obra de la ya mencionada prohibición, la que aparte de crear un serio problema y graves perjuicios dentro de nuestras fronteras, repercute inclusive en el exterior, al punto que sin ir más lejos, el Presidente del Perú se refirió a ella ayer, calificándola de error que generaba nerviosismo en sus conciudadanos compradores del aceite boliviano por el más que probable incremento de su precio, mientras que el titular del Comité de Fabricantes de Aceites de la Sociedad peruana de Industriales, avizoraba la avalancha del contrabando aceitero por la frontera.
En este escenario, se hace cada vez más difícil prever lo que ocurrirá entretanto la ideología y la política sectaria sigan sobreponiéndose a la economía y los fenómenos que implica.
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