Resulta inevitable la sensación de que a nuestro país se lo ha embarcado en un mar proceloso a pesar de no contar con puerto ni vapores propios.
Es claro que los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez y el vicepresidente de Cuba Carlos Lage lanzaron un mensaje político no sólo al continente sino al hemisferio con ocasión de su encuentro en la población de Shinahota, el pasado viernes, seguido de la aparatosa firma de serie de acuerdos en la sede de gobierno.
Se trató, por sobre todo, de hacerle frente a la administración de George Bush en los Estados Unidos y, particularmente, a su proyecto de creación del Area de Libre Comercio de las Américas, que tiene ya como oponentes contestatarios a la Alternativa Bolivariana para las Américas y el Tratado de Comercio de los Pueblos, de inspiración de los actuales gobernantes de Venezuela y Bolivia, respectivamente, mecanismos que nacieron no hace mucho en La Habana y dieron un paso largo en el subtrópico cochabambino y la ciudad de La Paz el indicado día, precedidos sí de convenios poco difundidos en materia de salubridad, alfabetización y provisión de documentos de identificación personal que de forma acelerada se ejecutan en el territorio nacional.
El avance es significativo por cuanto esta vez se penetró en el campo de los hidrocarburos, la minería y el sistema financiero, donde el polémico mandatario de Venezuela --no así el cubano, al menos en apariencia-- tiene objetivos propios que únicamente él conoce y maneja a su albedrío gracias a sus ingresos por la venta de petróleo, nada más y nada menos que a su enemigo estadounidense.
Para Bolivia, en cambio, una apertura de la magnitud como la que se acaba de dar para con aquellos intereses, representa una medida riesgosa atenta su participación en otros escenarios, llámense Comunidad Andina de Naciones ----que casualmente se apresta a presidir a partir del próximo mes-- o Mercado Común del Sur del que es miembro asociado, y más aun, la tradicional relación que a lo largo de la historia ha mantenido con Argentina y Brasil.
La suerte del eje Caracas-La Habana-La Paz despierta, pues, interrogantes que emanan no sólo de la dicotomía entre la vulnerabilidad y las potencialidades de Bolivia, sino de su generalizada postergación en el centro de la América del Sur.
De hecho, una preponderancia de Petróleos de Venezuela, S.A. podría generar fricciones con los vecinos citados, sedes tanto de Repsol-YPF cuanto de Petrobras, que por lo que se ha visto hasta ahora gozan de respaldo oficial con motivo del reciente decreto de nacionalización de los hidrocarburos.
En este contexto y mientras no se vislumbre un horizonte claro, resulta pues inevitable la sensación de que a nuestro país se lo ha embarcado en un mar proceloso a pesar de no contar con puerto ni vapores propios.
Ojalá estemos equivocados y que lo obrado sea para bien de la República y sus habitantes.