La Prensa
Para el viceministro de la Coca y Desarrollo Integral, Félix Barra, la presencia de un Gobierno cocalero abre un nuevo paradigma en el tema de la hoja milenaria, donde la industrialización juega un rol clave. Objetivo que, en el marco del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), ya cuenta con un millón de dólares de financiamiento cubano-venezolano para que se instalen una planta procesadora de harina de coca en el Chapare (250 mil dólares) y otras dos de mates y trimates en Coripata y Chulumani.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos con los que tropieza este emprendimiento es el acceso a mercados. Si bien Venezuela y Cuba abren sus mercados para los productos derivados de la coca, hay incertidumbre con relación a Europa y Estados Unidos, más cuando existen acuerdos internacionales que prohíben la comercialización de la coca y los productos que deriven de ella.
Antecedentes
No obstante, la "industrialización verde" no es fenómeno nuevo en el país. El psiquiatra, especialista en coca y drogas y actual asesor gubernamental, Jorge Hurtado, recuerda que ya en los años 80 operaban las fábricas de Chulumani y Coripata. Dos apuestas que fracasaron por la ausencia de apoyo estatal en cuanto a la otorgación de personerías jurídicas. Hurtado, por esta coyuntura en contra, tampoco pudo impulsar la comercialización internacional de las pastillas de coca Ajayu, elaboradas bajo supervisión de las universidades de San Andrés y de Arlem (Holanda).
Asimismo, según el Centro Latinoamericano de Investigación Científica (Celin), hasta 2000, los derivados de la coca en Bolivia eran, generalmente, referidos a mates puros o mezclados, pomadas, ungüentos, goma de mascar, entre otros. Hoy, de acuerdo con datos de la Dirección General de la Coca (Digeco) hay ocho compañías que compran la hoja para destinarla a diferentes rubros.
Entonces, aclara Hurtado, es más adecuado afirmar que Bolivia reiniciará la industria cocalera en dos fases. La primera, que comenzará en septiembre, con la fabricación de harina, mates, trimates y licores. Y la siguiente "era" será la farmacéutica, que empezará en 2007.
Hay, no obstante, un proyecto que ya camina en este ámbito, puesto que una doctora alemana que realizó su tesis sobre la propiedad benéfica de la coca contra la caries dental ya fue contactada para que, primero, con 15 mil dólares actualice el estudio y, luego, gestione la construcción de una planta de elaboración de dentífricos en Caranavi, con, por lo menos, medio millón de dólares de inversión.
Barra corrobora que el plano farmacéutico será el más importante de la cadena de industrialización, y que, por ello, precisará del apoyo económico para lograr las certificaciones científicas sobre el potencial nutritivo de la coca. Es así que del millón de dólares de financiamiento, se destinarán 250 mil a estas averiguaciones que sustentarán, además, la apuesta de erradicar, en 2008, a la hoja andina de la lista de estupefacientes de la Convención de las Naciones Unidas de 1961. "Un estudio inminente -subraya Hurtado- es la investigación de la biodisponibilidad de los nutrientes de la coca. Los demás están en camino y serán concluidos hasta fin de año.
Estamos más avanzados que el Perú en ello, no nos interesa descocainizar a la coca, su hoja es valiosa en su estado natural, con todos sus componentes".
El principal desafío
El director del Celin, Franklin Alcaraz, explica que el problema de la coca debería tratarse de manera cognoscitiva y no ideológica, y en el caso boliviano prevalecería esto último, puesto que no habría basamento científico para asegurar la propiedad nutriente de la hoja andina.
Expertos en el tema de la coca, empero, sostienen que el principal desafío de esta industrialización se sitúa en el acceso a los mercados: "En el nacional, porque éste es limitado: solamente en tierras de alta elevación geográfica se encuentran números significativos de usuarios; hay alta competencia de productos como el té, café y refrescos (para los mates y trimates), y los productos legales de la hoja de coca son mayormente novedades. En el extranjero, el ingreso es difícil, por no decir imposible, por las barreras políticas expresadas en convenios internacionales, de los que Bolivia es país signatario y que prohíben la comercialización de tales mercancías, aparte que los mercados potenciales (Estados Unidos, Europa y Japón) no podrían ser penetrados por falta de familiaridad con un producto de sabor insípido y la percepción, cuasi general, de que la "coca es cocaína".
Europa y Estados Unidos, mercados en lista de espera
Algo parece claro: por lo menos hasta 2008 (año en que se puede discutir la salida de la coca de la lista de estupefacientes de la
Convención de 1961), los mercados de Estados Unidos y Europa estarían descartados. ¿Por qué? Basta recordar que, en su reciente visita, la Embajadora norteamericana Anne Patterson ni siquiera brindó un resquicio de posibilidad para apoyar la despenalización de la hoja milenaria. A la par, altas fuentes europeas asentadas en Bolivia recuerdan que la hoja andina, al ser catalogada como substancia controlada, tiene restringida su comercialización, exportación o uso, salvo en usos tradicionales, farmacéuticos o de soporífero, sin alcaloides de por medio. Y, por ello, Europa esperará el acuerdo al que se llegue en 2008 para hablar sobre la compra de productos derivados de la hoja milenaria.
Barra, contrariado, reafirma que hay varios países europeos que comparten la idea de retirar a la coca de las substancias controladas de la ONU. "El único preocupado -remarca- es Estados Unidos, porque los europeos nos apoyan. Ahora es más un trabajo científico y de coordinación internacional para demostrar que esta hoja en estado natural no hace daño a la salud", empero, el Viceministro de la Coca admite que el Gobierno está consciente de que, por el momento, los únicos mercados abiertos serán los de Cuba y Venezuela, que serán explotados desde septiembre cumpliendo con todas las normas sanitarias internacionales, o sea, que se tendrá que esperar lo que ocurra en 2008 para ingresar a Europa o Japón.
Provocación a la comunidad internacional
Pero ¿es legal la apertura de Venezuela y Cuba hacia los productos de la coca, estando vigente la Convención de 1961, de la que sólo Bolivia y Venezuela son signatarios? El referido acuerdo multilateral inserta a la coca como materia prima de la cocaína, como estupefaciente y la incluye, por eso, en la "lista negra" de substancias controladas internacionales. Y obliga a los suscribientes a adoptar medidas para la erradicación de su planta y establecer límites en su fabricación y distribución. Desde el 26 de mayo, el TCP abre un mercado libre y sin condiciones para dos productos de la coca: la harina y los mates.
Fuentes especializadas en convenios internacionales sostienen que cualquier acuerdo que desconozca de forma arbitraria la Convención de 1961, es una "provocación" a la comunidad internacional. "Venezuela podría asumir el problema por su peso político internacional, no así Bolivia", advierten.
Con la firma de los acuerdos bilaterales del TCP, según el constitucionalista Carlos Alarcón, el Estado tiene dos opciones: gestionar la exclusión de la coca de la lista de estupefacientes basado en el procedimiento internacional; o denunciar y apartarse de las convenciones firmadas".