La Paz | La Prensa.- Juan José Poma Pocoma temblaba y pronunciaba frases entrecortadas frente a la jueza Julia Parra. Se esforzó y dijo sollozando en el juicio abreviado: "Quiero la pena de muerte".
Le tocó hablar a Francisca Roxana Aguilar -mamá de Estéfani, la escolar de ocho años raptada, violada y asesinada por Juan José- "Pido cadena perpetua para él, la pena de muerte, ni su muerte va a devolverme la vida de mi muñeca".
A las 12:15 de ayer, en el salón del viejo Tribunal de Justicia de La Paz, la jueza sentenció: "Treinta años de privación de libertad, sin derecho a indulto, a cumplirse en el penal de San Pedro de Chonchocoro, hasta el 16 de julio de 2035".
Poma, con la condena, perdió el control de su vida, o quizá antes, cuando hace más de cinco años comenzaba a robar -y lo hacía con fuerza- mochilas de niñas escolares.
Del robo pasó al rapto, y de la violación al asesinato. Hace años, la Policía Técnica Judicial (PTJ) le capturó y encarceló por el delito de "rapto propio", es decir, retener con fines lascivos a una persona que no haya llegado a la pubertad, delito sancionado con un máximo de cinco años de cárcel.
Desde que salió en libertad, tenía la costumbre de visitar los lunes algunas escuelas fiscales y leer los diarios de crónica roja para conocer qué publicaban acerca de sus víctimas.
La tarde del lunes 4 de julio, Juan José abordó a su última víctima, Estéfani.
La escolar, quien vestía un pantalón negro y una solera rojiza, además de que portaba sus juguetes, estaba convencida de que su mamá había mandado por ella.
Al entrar ambos en la casa donde ocurriría el crimen, una persona vio de casualidad al que sería después el victimario y a su pequeña víctima. Calló.
El lunes acabó. El martes, la niña comenzó a preocuparse por el qué diría su profesora y cómo estarían sus hermanitos sin ella. El miércoles, sus llantos callaron para siempre.
El mismo día, vecinos de la avenida Vicente Ballivián de El Alto encontraron en el basurero el cadáver de Estéfani.
La División de Homicidios sacó el cuerpecito, envuelto en una chamarra, de una bolsa plástica, de ésas que se usan para envasar fideos, y en hojas de periódico manchadas de sangre.