Los números más emocionantes que presentan los circos los ejecutan los acróbatas, equilibristas, funambulistas, prestidigitadores, incluidos los payasos y demás artistas que exhiben extraordinarias habilidades inusuales en el resto de las personas.
Algo parecido a lo que está ocurriendo en el circo político boliviano. Prescindo de lo ocurrido antes de 2003 porque ya lo escribirán los historiadores Partiré del derrocamiento del Presidente Sánchez de Lozada que interrumpió la normalidad constitucional y hubo que recurrir al remedio extraordinario de pasar el bastón de mando al entonces vicepresidente. Entonces cayó el telón del primer acto. No entraré en muchos detalles sobre el espectáculo que todavía sigue, por falta de espacio.
Segundo acto. A partir de entonces se sucedieron toda suerte de maniobras extrañas a la ortodoxia democrática, cataplasmas incoherentes, parches de urgencia y toda clase de equilibrios y contorsiones. Todo ello aliñado tristemente con el vinagre amargo del febrero y del octubre negros o rojos. O, para ser más precisos, rojinegros, como corresponde a los colores anarquistas en que venían envueltos.
Se introdujo de contrabando en la Constitución la Asamblea Constituyente en desleal competencia con el anterior sistema de reformas a la Carta Magna. Se implantó el referéndum, por decreto presidencial y sólo después fue promulgado por el Congreso. El propio referéndum sobre los hidrocarburos fue un galimatías cuyos resultados no terminan de aclararse. En vista de la incuria parlamentaria, el Presidente asumía excesivas competencias ajenas --"el Estado soy yo"-- que luego el Tribunal Constitucional revocaba: por ejemplo, la elección de fiscales. Etc.
Tercer acto. En junio del 2005 cayó el Presidente Mesa y hubo que recurrir al espectáculo de los saltimbanquis. Así como del Presidente Goni se había saltado al Vicepresidente Mesa, una vez renunciado-derrocado este último, se procedió al salto de garrocha que pasó por encima de los sucesores "naturales", o sea, el Presidente del Congreso y seguidamente al Presidente de Diputados, para ir a caer blandamente en el colchón del Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Todo dentro de la más rígida pero forzada sucesión hereditaria presidencial y salvando el peligro inminente de un manotazo violento.
Excepcionalmente este espectáculo tiene un cuarto acto. El que contemplamos embelesados por los saltos y contorsiones de los artistas. Vayan algunas muestras. Las elecciones que el Presidente debía convocar no se limitarán al Presidente y al Vicepresidente sino también a todo el Legislativo. No sólo valdrán para completar el actual período constitucional hasta el 6 de agosto del 2007, sino que comprenderán desde enero del 2006 al 2011. No se sabe si cambiará el mapa electoral por efecto de las migraciones internas y si el Departamento de Santa Cruz contará con más curules a costa de los que han perdido población. El Tribunal Constitucional tendrá que hacer equilibrios. ¿Se cumplirá la fecha del 4 de diciembre o se postergarán las elecciones? ¿Elegiremos el mismo día a los prefectos sin conocer qué competencias les otorgará la ley todavía inexistente? No se diga que el circo ha pasado de moda.