Cochabamba - Bolivia
Domingo, 28 de agosto de 2005

 
Oficial: 8.09
Paralelo: 8.09
Soleado
Temp.Cbba.:
Min.5
Max.30
Puntos de Vista
La señera figura de Carlos Canelas -
Una cultura política reacia a la democracia y al estado de derecho -H. C. F. MANSILLA
Equlibristas -JOSÉ GRAMUNT DE MORAGAS, S.J.
Dos piedras contradictorias -OSCAR UZÍN OP
Entre la cruz y la espada -CLAUDIA BENAVENTE
El costo de la desinformación -RAÚL RIVERO ADRIÁZOLA
¡Responso y epitafio!... -CAYETANO LLOBET
Candil de la calle -SERGIO MUÑOZ BATA
Cambia... ¿Todo cambia? -CAMILA URIOSTE
 
Nacional
El 64% de los bolivianos votará por el "menos malo"
Tuto tiene 27% de apoyo y Evo está tercero, con 17%
Evo no será candidato a diputado
Congreso busca acuerdos para designar vocales

 
Local
Fe y alegría en entrada de San Joaquín
Niños discapacitados con pocas opciones educativas
Víctor Montoya suspende huelga de hambre de 2 días
Policía muere atropellado y otro resultó herido

 
Economía
El 21060 llega a sus 20 años necesitado de modificaciones
Dirigente cívico afirma que fue norma lapidaria
Afirman que se carece de una cultura empresarial
Sin ajuste se puede cambiar el modelo

 
Internacional
ONU alerta sobre mayor desigualdad en el mundo
La OEA comienza debate en torno a la Carta Social
Presidente de Colombia exige a la justicia aclarar matanzas
Un hijo de Pinochet sigue preso porque "no pudo" pagar fianza

 
Deportes
Nacional de Talentos es toda una fiesta
Se realiza hoy acto inaugural del torneo
Fernando Diez lidera torneo "Solidaridad"
Dávalos busca retener título latinoamericano
CLEPSIDRA
Entre la cruz y la espada
Por:CLAUDIA BENAVENTE

Así estamos ahora los bolivianos. O ponemos una cruz en la papeleta por quien presente, a nuestros ojos, la lectura más seria de nuestro escenario actual o anulamos nuestro voto con una espada. Y la probabilidad de que no estemos locamente enamorados de una de las candidaturas es muy alta. El país está cuadriculado por las cicatrices de todas las guerras: la del agua, la del gas, la de baja intensidad que nos hace soportar corrupción, demagogia, mentiras de un sistema de partidos que arrastra hace años sus vicios y que no logra ser reemplazado por las relativamente nuevas conformaciones políticas. De partidos políticos paridos por una aristocracia sentada sobre las espaldas del indio hemos pasado por varias etapas que no se han limpiado de una lógica prebendal en su relación con la población votante hasta llegar a este punto de inflexión: una línea que intenta separar los partidos estrictamente políticos que pugnaron con relativo éxito hasta que aparecen partidos que son primero, y sobre todo, movimientos so iales. Sobre esa línea se puede trazar una aún más firme, que es la que separa la forma de hacer política antes del 2003 de la que el país exige hoy en día: desde el Altiplano con sus bloqueos de caminos, pasando por El Alto y su interés por la política hidrocarburífera hasta el oriente con su demanda autonómica en sus sectores económicamente dominantes (y no por esto carentes de legitimidad) al lado de las demandas de los pueblos originarios del oriente.

Este largo capítulo de transición que le ha doblado el brazo a Carlos Mesa y que Eduardo Rodríguez intenta atravesar con pragmatismo y astucia nos lleva a un proceso eleccionario que definirá un nuevo paisaje de fuerzas políticas. Con sangre y temor se ha llegado a este escenario que plantea desafíos de distinto tono según las posiciones ideológicas. Para los partidos políticos que llaman tradicionales está cantada la urgencia de una renovación no sólo de su liderazgo sino de sus propuestas frente a las demandas impuestas por el bloqueo de caminos de tierra o por el bloqueo de aeropuertos internacionales. Para los partidos no tradicionales que han generado turbulencias en el interior del Parlamento otrora levantamanos la exigencia de actuar con mayor coherencia y de leer el ser del país desde una perspectiva nacional e inclusiva. Para las fuerzas en proceso de conformación (a partir de instancias con historia ya larga como la de algunos sindicatos) la madurez de sobrevivir a la falta de cohesión entre sus pa tes (como hemos visto con sectores evistas, joaquinistas y, por qué no, felipistas). Para las nuevas siglas herederas de la crisis partidaria, la inteligencia para hacer una oferta completa y compleja intentando, por ejemplo, quitarse el aroma a mirismo (Samuel Doria Medina) o limpiarse la tinta banzerista (Jorge Quiroga). Menuda tarea para ellos que aún gatean en su programa nacional y santa paciencia para los otros, quienes seguimos entre la cruz y la espada.


 
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