Se confirma que el ubicuo e inefable MST de movimiento social pacífico ha pasado a ser una fuerza paramilitar.
El problema de la tenencia de la tierra amenaza con generar nuevos hechos de sangre en el oriente del país, al punto de haber motivado un pedido de la Policía Nacional para que las Fuerzas Armadas apoyen su labor en el control de los focos conflictivos o el desalojo de fundos avasallados.
Durante la semana pasada el hallazgo del cadáver de un hacendado paceño desaparecido a fines del año 2003 y la muerte de un policía en la chiquitania cruceña cuando participaba de una inspección de la zona, fueron señales claras de ese riesgo, a lo que se debe agregar un tercer suceso con móviles similares pero en esencia distinto, que cobró la vida de un ganadero en el departamento del Beni.
En los dos primeros casos, un actor de la tragedia es el Movimiento sin Tierra (MST), mientras que el segundo aparentemente obedeció a disputas entre hacendados por la posesión y propiedad de unas parcelas.
Se señala con insistencia que el problema de la tierra se ha convertido en un asunto de la agenda pública con creciente importancia y complejidad, debido no sólo a que son cada vez más frecuentes las tomas de predios en plena producción por campesinos migrantes que aspiran a ganarse el sustento trabajando en la agricultura pero que son hábilmente manipulados por avezados dirigentes que trafican sus demandas y necesidades, circunstancia que deriva en confrontaciones e involucra el uso de armas de fuego, confirmándose así que el ubicuo e inefable MST de movimiento social pacífico ha pasado a ser una fuerza paramilitar.
No cabe duda de que en el país hay campesinos e indígenas que no tienen tierras que cultivar para sobrevivir, mientras que grandes extensiones, especialmente en los llanos, están concentradas en pocas manos, sea de terratenientes o de empresas agropecuarias.
A eso debe agregarse una deficiente aplicación de la Ley del Instituto Nacional de Reforma Agraria, que en la década de vigencia que tiene no ha podido sanear y titular sino un porcentaje mínimo de tierra, sin desmerecer el avance registrado en el último año y medio.
Por su parte varios terratenientes, algunos de ellos irregularmente favorecidos durante los gobiernos dictatoriales, también se han manifestado proclives a emplear la fuerza para defender sus propiedades, para lo cual han buscado la ayuda tanto de la Policía como de grupos de gente armada y dispuesta a enfrentarse con los avasalladores a cambio de terrenos en conflicto o dinero en efectivo.
Expertos en esta problemática vienen insistiendo desde hace ya bastante tiempo en que puede ser el factor que desencadene las verdaderas luchas del próximo futuro, a menos que se hallen soluciones integrales, y la preocupante violencia que se observa es prueba fehaciente de ello.