Julio y agosto han sido meses de valiosa rememoración, pero también de ridiculeces históricas. Qué más podría decirse de quienes, al calor de cierto tipo de extravagantes banalidades, se declaran "descendientes de los protomártires" de las llamadas revoluciones de mayo y de julio de 1809. No lejos quedan los autonombrados "incas" de algunas organizaciones políticas que, se advierte, tienen mucha proximidad a la mismísima Cancillería boliviana.
Entre muchas cosas, a los primeros hay que cuestionarles, por ejemplo y de principio, ¿por qué no toman en cuenta que las sublevaciones indígenas fueron anteriores a las revueltas de sus ancestros? Más aún, sería bueno que expliquen el papel de nuestros supuestos benefactores en la represión a los Tupaj Katari.
La historia es muy clara a la hora de mostrar que los rebeldes de Charcas o La Paz aspiraron simplemente a quitarles los frutos del genocidio y el saqueo a quienes antes hollaron estas tierras. Para ello no son siquiera necesarios los, de todas maneras, ilustrativos testimonios de los cronistas o la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas. Es suficiente ver a nuestro alrededor y nuestra historia reciente, nuestra vida diaria con toda la discriminación, desigualdad, racismo y alienación que se vivieron en más de 150 años, y con la que supervivió y supervive a la Revolución Nacional y a la propia emergencia del Gobierno del Movimiento Al Socialismo.
Si vamos a los "incas", les pregunto: ¿descienden de aquellos que conquistaron estas tierras que en realidad eran kollas? ¿Son una neoavanzada "inca"? Como incas, ¿quieren tener los privilegios nobiliarios que incluían la imposición del servilismo a los sometidos?, ¿quieren doncellas y adoración? ¿Tal vez aspiran a ser algo parecido a la decadente "realeza británica"?
Y tanto a "inquitas" como "protomarticitos" les pido, y seguramente les pedirá todo el mundo, que finalmente den muestras de que siguen las huellas del mentado heroísmo de sus antecesores. Para ello, no basta que se carguen de pergaminos y documentación (que al parecer no tienen en abundancia), sino de consecuencia política, compromiso social con los explotados y marginados, grandes ideales de liberación, en suma: obras, grandes obras, en favor de este pueblo sufrido y defraudado por generaciones de autoproclamados virtuosos de toda laya. Entonces, sin necesidad de oír sus apellidos o títulos, yo diría que tienen sangre de libertadores o de caudillos.
En fin, amén de vanidades, lo claro es que de nada sirve ser el hijo o el bis tataranieto de... Incluso los patrones de herencia genética, establecidos por los estudiosos médicos, lo demuestran.
Particularmente conozco a un Pinochet criminal y estafador en grado superlativo y a otro Pinochet humanista, intelectual y honesto; todos conocemos la vida de incluso hermanos o padres e hijos radicalmente opuestos en ideales, acciones y consecuencias.
Todos sabemos, finalmente, que cada hombre y mujer valen por sí mismos y no, como las flores y la mala hierba, por el barro o el jardín en el que, por buena o mala ventura, germinaron.
El autor es egresado de la carrera de Historia - UMSFX
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