Varios factores son los que atentan contra los más elementales derechos de los peatones, en una ciudad que, como Cochabamba, son la gran mayoría de sus habitantes. Parece que toda planificación por parte de la Alcaldía para la ejecución de obras viales toma en cuenta solamente el interés y comodidad de los automovilistas. Los viaductos construidos en los últimos años son una muestra clara; sin duda que alivian en gran medida el tráfico vehicular en los puentes sobre el río Rocha, pero los espacios asignados para el desplazamiento de personas son mínimos y no ofrecen seguridad a los usuarios. En ese afán de ampliar las avenidas para facilitar el flujo vehicular, se ha decidido, como es el caso de la Av. Oquendo, disminuir el ancho de las aceras a poco más de un metro, confirmando ese desprecio que se tiene por las miles de personas que no utilizan movilidades.
Las señales viales en las esquinas que, en teoría, favorecen al peatón, nunca se cumplen. Los conductores no respetan las líneas marcadas para el cruce de personas o los semáforos carecen de señalización para transeúntes. La lista de "atentados" contra los peatones, es interminable. Existen aceras en pésimas condiciones o en ellas se instalan toda suerte de vendedores, talleres mecánicos y de parchado de neumáticos que obligan a las peatones a hacer peripecias para poder circular. Se dan casos extremos, en complicidad con autoridades edilicias, en los que estaciones de venta de gasolina, han incorporado a las aceras como sus "ramplas" de ingreso .
El peatón, víctima de un mal entendido "desarrollo urbano" o modernismo, tiene derechos que deben ser respetados. Las autoridades correspondientes poco o nada hacen para hacerlos cumplir.
Hace falta, además, una campaña de educación vial para hacer conocer a peatones y conductores reglas elementales de circulación en calles y avenidas de la ciudad.