La Paz | EFE
La tensión derivada de la conflictividad registrada en las últimas semanas en Bolivia preocupa a algunos países de su entorno ante la posibilidad de que se produzca un conflicto civil, algo que descartan las autoridades bolivianas.
El Comando en Jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia anunció el martes que el general Marcelo Antezana, quien advirtió el pasado fin de semana de una guerra civil, será procesado por un tribunal castrense.
El militar cuestionó las discrepancias, hasta ahora insalvables, entre las formaciones políticas en la Asamblea Constituyente que ha postergado el inicio de la redacción del texto de la nueva Carta Magna.
Mientras, el vicepresidente Álvaro García Linera descartó que Bolivia pueda ser escenario de una guerra civil, al rechazar los pronósticos contenidos en un informe elaborado para el Ministerio de Exteriores argentino.
En el informe, divulgado en La Paz la semana pasada, el Grupo de Apoyo a las Colectividades Extranjeras de Argentina, una entidad privada, habla de un 56 por ciento de probabilidades de una guerra civil en Bolivia, a raíz del conflicto suscitado por las políticas de gestión de la tierra y recursos energéticos, pero ha tenido escasa repercusión.
El informe señala que un eventual enfrentamiento armado podría llevar a Argentina entre 600 mil y un millón de refugiados bolivianos que generarían de 440 a 730 millones de dólares de gastos al Estado.
El Gobierno argentino no se ha pronunciado sobre la situación en Bolivia, si bien el presidente Néstor Kirchner ha dado claras muestras de sintonía política con su homólogo Evo Morales, a pesar de la tirantez que generó el aumento del 50 por ciento en el precio del gas que éste país le compra a su vecino del norte, aplicado en julio último.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, es quien más claramente ha expresado su apoyo a Morales ante las protestas opositoras contra el Gobierno de Bolivia.
Chávez, uno de sus principales defensores de Morales en la escena internacional, dijo antes en la reciente Cumbre del Movimiento de Países No Alineados en La Habana, que "sin duda" EEUU estaba detrás de esas manifestaciones que a su juicio son auspiciadas por la "oligarquía" boliviana.
La situación de Bolivia ha tenido especial repercusión en Brasil porque ha coincidido con la campaña electoral para las elecciones generales del 1 de octubre. La crisis ha servido a la oposición y la prensa para atacar al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, por su supuesta "debilidad" respecto al gobierno de su "amigo" Morales.
En Perú, los empresarios vinculados a la minería e hidrocarburos han criticado duramente las propuestas nacionalistas bolivianas, dado que afectaron directamente a la empresa peruana Graña y Montero.
El nuevo presidente peruano, Alan García, rebajó las tensiones pero dejó clara su distancia con las políticas de Morales, en especial con la nacionalización de los hidrocarburos.