Desde que dejando de ser mono el hombre bajó del árbol para caminar erguido, durante mucho tiempo tuvo destino de trashumante. Fue largo su periplo migratorio durante la horda primitiva y el régimen tribal, pero después terminaría "sedentarizado" en espacios nacionales màs o menos fijos, dedicado a tareas como la agricultura y ganadería.
La búsqueda de subsistencia y seguridad física, tanto para sí como para el núcleo familiar, fueron las causas de las migraciones masivas en los primeros tiempos de la humanidad. Sin duda que ambas causas determinaron la prolongada y masiva diáspora de los nómadas mongoloides del norte asiático a tierras de América, a través del estrecho de Bering. Por cierto que iguales causas debieron empujar a melanesos y polinesios a surcar el Océano Pacífico para atracar en diferentes lugares de la costa sudamericana.
Iniciada que fue la colonización de las Indias, el anhelo de tener lo que no podían alcanzar en el solar donde nacieron , indujo a los españoles pobres a hacer colas kilométricas frente a la Casa de Contratación de Sevilla. En este lugar más mendigaban que gestionaban el codiciado "pase" a las Indias, rumbo a las por entonces ricas Potosí o Guanajuato, que tintinaban a plata fácil. Conste que estos colonizadores, generalmente, ya eran toda un puchero étnico. Corría en sus venas sangre de ibéricos, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, árabes y judíos, pueblos que habían estado en la Península, guerreando en el día con los "nativos" de turno y dedicándose en las noches a la "caza" de "originarias".
La ensalada étnica llegada de España se hizo mucho màs rica y variopinta entre nosotros, con el aporte genético de lo indìgena-tibetano-polinesio y vaya uno a saber con què otros ingredientes raciales más.
Resultado: si a un criollo boliviano se le suelta en cualquier ciudad de España, pasa totalmente desapercibido, sin que nadie sospeche siquiera que es sudamericano. Un aimara del altiplano acusa casi los mismos rasgos fisonómicos que un habitante del Tibet y ciertas regiones de Mongolia, siendo también manifiesta igual semejanza entre nuestros indígenas de la selva boliviana con los habitantes de latitudes sureñas de Asia.
¿Y nuestros mestizos, que alcanzan el 70% en la estructura demográfica nacional? ¿Podrían también "mimetizarse" entre la gente de un país extranjero? Desde luego que sí, sobre todo en Perú, Ecuador, norte argentino, parte amazónica del Brasil, llanos de Colombia y Venezuela, México, etc. Pero podrían lograr lo mismo al otro lado del Atlántico. A no pocos mestizos bolivianos, en España, por ejemplo, a simple vista, les creen naturales de Filipinas, donde también estuvieron los hispánicos, en son de conquista, tanto de espacios como de nativas.
Nuestros "mestizos", genéticamente hablando, son finalmente "originarios", a la vez, del Asia y de esa ensalada racial que la historia aderezó en España.
A lo que vamos es a puntualizar lo falaz en el término "originario" que tanto corea el etnocentrismo que en Bolivia intenta sacralizar la identidad étnico-cultural indígena en una proyección de hegemonía política total.
¿Originarios? En Bolivia, todos descendemos de gente que vino de otros lados. Hoy, la única identidad destinada a igualarnos es la boliviana. Y para ello debemos apostar a un futuro de integración nacional sobre bases de desarrollo con equidad social, dando las espaldas a fórmulas etnocentristas que ya están para la risa.