Redacción Central / Efe.- Reverenciado por la crítica, idolatrado por los lectores y con los máximos premios literarios hispanos en su haber, Mario Vargas Llosa sopló ayer las 70 velas de una torta de cumpleaños cuyo dulzor quizá sólo le amargue un fracaso: el de su candidatura a la Presidencia del Perú en 1990.
Algunos de los muchos enemigos que se ha ganado tras siete decenios sin pelos en la lengua quizá también apunten entre las insatisfacciones del más famoso escritor peruano vivo la ausencia del Nobel de Literatura en sus vitrinas.
Su onomástica coincide con el estreno en Lima de la película de su novela "La fiesta del Chivo", dirigida por su primo Luis Llosa y protagonizada por Isabella Rosellini.
En una entrevista con la emisora Radio Programas del Perú con motivo de su cumpleaños, Vargas Llosa reconoció que en un inicio el padre del existencialismo le transmitió que la literatura requiere no sólo "una exigencia artística sino también una exigencia ética de compromiso con las causas justas".
El novelista peruano nacionalizado español recordó que esa admiración por Sartre, autor de "El ser y la nada" (1944), hizo que un par de amigos cercanos le pusiera el apodo de "El "sartrecillo" valiente" durante sus años mozos.