París | Agencias.- Cientos de miles de manifestantes -millones según los organizadores- salieron a las calles en Francia y una huelga nacional paralizó los transportes para reclamar la anulación de la controvertida ley de contratos laborales o "contrato joven" del primer ministro Dominique de Villepin.
La presión sin precedentes de las protestas abrió grietas en el Gobierno. El ministro del Interior, Nicolas Sarkosy, se distanció de Villepin ayer al pedir la suspensión de la nueva ley para que haya negociaciones con los sindicatos.
Poderosos sindicatos y organizaciones estudiantiles participaron de huelgas nacionales y las mayores manifestaciones hasta la fecha contra el nuevo contrato, que facilitaría el despido de trabajadores jóvenes. La huelga obligó a cerrar la Torre Eiffel, dijeron empleados del monumento que simboliza a París.
Los organizadores calcularon en 3 millones la asistencia a las manifestaciones en todo el país, y 700 mil en París solamente. Los cálculos policiales eran mucho más bajos.
Algunos revoltosos buscaron pelea con los manifestantes, trataron de entrar en una tienda de ropa interior femenina y arrojaron piedras y otros proyectiles a la Policía antimotines, que en varias ocasiones irrumpió en la marcha para detener personas.
Pero la presencia de unos 4 mil agentes en las calles, así como las patrullas en las estaciones, aparentemente impidió la repetición de actos de violencia como los de días anteriores.
"Debemos defender los derechos conquistados por nuestros antepasados y que el Gobierno actual trata de quitar", dijo Maxime Ourly, un estudiante de literatura que marchaba con otros miles en la Margen Izquierda, el barrio universitario de París.
Organizaciones estudiantiles y sindicatos dicen que la ley eliminará la estabilidad laboral. El llamado Contrato de Primer Empleo (CPE), que debe entrar en vigencia el mes próximo, permite despedir sin causa a empleados menores de 26 años durante los dos primeros años.
A pesar de las protestas, Villepin se mantuvo firme. Dijo al parlamento que estaba dispuesto a discutir el tema del empleo y enmiendas a la ley, pero no dijo que la anularía.
"Sólo en la acción convenceremos a todos los franceses que el mañana puede ser mejor que hoy", dijo entre los abucheos de la oposición.
Villepin sostiene que la mayor flexibilidad alentará a las empresas a contratar jóvenes. El desempleo juvenil es del 22 por ciento, el más alto en Europa occidental. Pero ante las protestas, su Gobierno -y sus posibilidades de ser candidato a presidente el año próximo- parecen cada vez más frágiles.
Sarkozy, que también aspira a la candidatura presidencial conservadora, dijo en una conferencia de su partido que no se debe aplicar el contrato mientras exista la posibilidad de conversaciones para resolver la crisis, dijeron sus colaboradores.
Villepin se aferra al CPE
Cuestionado dentro de su propio partido y con su popularidad de capa caída, el primer ministro francés, Dominique de Villepin, se aferra a su reforma laboral para jóvenes pese a la masiva protesta sindical y estudiantil.
Si entonces el primer ministro de la época, el también conservador Alain Juppé, acabó por retirar su reforma de las pensiones, Villepin parece determinado, de momento, a hacer frente a la presión de la calle.
Antes incluso de conocer la amplitud de la movilización, el primer ministro aprovechó la sesión parlamentaria de control al Gobierno para reiterar su intención de mantener el CPE, que autoriza el despido de los menores de 26 años sin tener que justificarlo durante los primeros 24 meses.
Ante una oposición política que llevó al hemiciclo las exigencias de sindicatos obreros y estudiantiles y que reclamó la retirada del proyecto de contrato, Villepin mantuvo que sólo está dispuesto a retocar marginalmente sus dos puntos más controvertidos: la duración del periodo de prueba y la no justificación del despido.
MASIVA PROTESTA
París volvió a acoger la mayor concentración, con 700 mil personas, según los organizadores (90 mil, según la policía), que aseguraron haber reunido a más de 200 mil personas en Marsella (sureste), 100 mil en Burdeos (suroeste), 80 mil en Lille (norte), 63 mil en Grenoble (sureste) y 40 mil en Lyon (sureste).
Las manifestaciones no estuvieron exentas de actos violentos, aunque fueron menos que en los días previos.
En total, casi 400 personas fueron detenidas, la mayoría de ellas en París, y grupos de violentos causaron daños al principio y al final de la marcha, lo que obligó a intervenir a los antidisturbios, que lanzaron gases lacrimógenos.
Sarkozy, que también es ministro del Interior, se trasladó a la plaza de la República, lugar del final de la manifestación, donde un centenar de jóvenes encapuchados protagonizó los principales incidentes con la policía.