No han escapado de la percepción eclesiástica ni las ligerezas en que con tanta asiduidad incurren las autoridades nacionales, ni las aclaraciones que dicen mal de su seriedad, según se pudo colegir del discurso pronunciado por el cardenal Julio Terrazas a tiempo de inaugurar una reunión de la jerarquía católica en esta ciudad, ayer.
Y es que si se hace un recuento de lo ocurrido los últimos días, habrá que referir en primer término las contradicciones entre el Presidente de la República y el Canciller en toro de la suerte de la Comunidad Andina de Naciones y el Tratado de Comercio de los Pueblos, sin pasar por alto el anuncio del Ministro de Minería sobre la nacionalización de los yacimientos San Cristóbal y Amayapampa, desvirtuado por su propio despacho a pocas horas de haberse formulado, o la divergencia entre el de Hidrocarburos y su segundo a propósito de la invitación para que Bolivia se incorpore al "gasoducto del sur", que a decir de este último no es más que una "chifladura", mientras que para el Ministro resultaría viable siempre que participen las empresas estatales, se industrialice el gas y se conformen sociedades mixtas con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.
En este mismo sentido, no sorprendería que lo sostenido por el Ministro de la Presidencia acerca del control mayoritario del Estado en la futura explotación de El Mutún, acabe rectificándose una vez que concluya el debate relativo a la licitación del proyecto entre el gobierno y el departamento de Santa Cruz.