Unos le atribuyen la frase a Roosevelt y otros a Truman, refiriéndose al dictador Somoza: "¡Claro que es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta!" Y es que ésa fue la actitud normal de Estados Unidos respecto a América Latina. Y no hay que remontarse a las épocas de las "repúblicas bananeras" o a la presencia de la United Fruit, a las invasiones que convirtieron en héroes a los famosos marines -las aventuras de los infantes de marina eran festejadas en todas las salas de cine-, sino a un poquito más adelante. Los setentas latinoamericanos están repletos de dictadores que tenían padrino y que hablaban inglés. El entonces todopoderoso Kissinger, inspirador de Nixon, derrocaba gobiernos democráticos -aunque alguno fuera malo- y ponía a sus muchachitos de uniforme: los Pinochet, los Videla, los Banzer, para sacarnos la mugre a los que apostábamos a rojos. En pocas palabras: Estados Unidos apadrinó, apoyó y sostuvo a las peores dictaduras del continente…
Y ahora, don Jorgito Bush nos sale con la balandronada de que en Venezuela y en Bolivia "se está erosionando la democracia". ¡Es un acto de profunda indecencia! Porque hay que entender que a los estadounidenses la única democracia que les ha preocupado ha sido la suya: ¡las demás les han importado un huevo! Yo no me voy a instalar en defensor de Chávez (cada día me cae peor), pero nadie puede reprocharle al actual Gobierno boliviano -más allá de los gustos o disgustos- erosión de la democracia. Y tengo que certificar que nunca he recibido notificación, advertencia y menos intimidación por mis opiniones y comentarios, asumiendo que más de uno de ellos ha sido, por lo menos, duro. Y aquí no hay vuelta: el tema de la opinión y la libertad para ejercerla es el termómetro de la democracia ¿Por qué creen que los dictadores que erosionaban la democracia, con firme apoyo del norte, lo primero que suprimían era el ejercicio de la opinión?
Y quiero reiterar que me estoy refiriendo exclusivamente a mi país. Entre otras cosas, porque no sé cómo anda este asunto de la opinión en Venezuela. Sólo sé que el caballerito de boina roja ha tomado a Bolivia como su sucursal y alternativa de vivienda, dándose el gusto, además, de burlarse de nuestro Presidente, diciendo, muerto de la risa, "es que yo soy un títere de Evo". ¡Y eso también es un acto de indecencia! Independientemente de la necesidad de tocar específicamente la presencia venezolana en Bolivia, sería bueno que alguien le cuente a don Evo Morales el daño que le está haciendo la prepotencia de Chávez y la imagen burlona de docilidad que el caribeño proyecta del boliviano.
Pero vuelvo al punto: no sé si Bush sabe de la relación de su país y de sus muchos gobiernos con los procesos de "erosión de la democracia". No sé si le han contado que su país, Estados Unidos, no erosionaba la democracia… ¡la anulaba sin contemplaciones! No sé si le han contado que Allende era un demócrata y si le han dicho que Torres era un demócrata. No sé si le han entregado las memorias de la CIA -que se las pida a su papito, que dirigía la CIA y "erosionaba" más de una democracia- sobre sus intervenciones en nuestra región.
Le podrá gustar Morales o García Linera. Le podrá incomodar el contenido de su discurso político. Preferirá otra cosa. Pero estará de acuerdo en que lo de Bush, expresando su preocupación por la "erosión de la democracia", no sólo es un acto de cinismo nacional: ¡es indecente!
El autor es abogado y analista político
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