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Cochabamba - Bolivia Lunes, 29 de mayo de 2006

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Irán: La última oportunidad para la diplomacia

Por:JOSCHKA FISCHER

La crisis de Irán está avanzando rápidamente en una dirección alarmante. Ya no puede haber ninguna duda razonable de que la ambición de Irán es obtener armas nucleares. Sin embargo, en el centro del problema se encuentra la aspiración del régimen iraní de convertirse en una potencia hegemónica regional islámica y de esa manera posicionarse al mismo nivel que los países más poderosos del mundo. Es precisamente esta ambición la que distingue a Irán de Corea del Norte: mientras que Corea del Norte busca tener capacidad nuclear para afianzar su propio aislamiento, Irán quiere obtener dominio regional y más.

Irán apuesta a que sucedan cambios revolucionarios al interior de la estructura de poder del Medio Oriente que le ayuden a alcanzar su objetivo estratégico. Con este fin, utiliza a Israel y el conflicto palestino-israelí pero también a Líbano, Siria, su influencia en la región del Golfo y, por encima de todo, a Iraq. Esta combinación de aspiraciones hegemónicas, cuestionamiento del status quo regional y un programa nuclear es extremadamente peligrosa.

La adquisición de una bomba nuclear por parte de Irán --o incluso la capacidad para producirla-- sería interpretada por Israel como una amenaza fundamental a su existencia, lo que obligaría a Occidente y, a Europa en particular, a adoptar una posición. Europa no solamente tiene obligaciones morales históricas hacia Israel sino también intereses de seguridad que lo unen al estratégicamente vital Mediterráneo oriental. Además, un Irán con capacidad nuclear también sería percibido como una amenaza por parte de sus otros vecinos, lo que probablemente provocaría una carrera armamentista regional y alimentaría una mayor volatilidad regional. En suma, un Irán con capacidad nuclear pondría en duda la seguridad fundamental de Europa. Es una ilusión peligrosa creer que Europa se puede mantener al margen de este conflicto.

En esta crisis es mucho lo que está en riesgo. Por ello, hace dos años Alemania, el Reino Unido y Francia iniciaron negociaciones con Irán con el objetivo de persuadirlo de abandonar sus esfuerzos por completar el ciclo del combustible nuclear. Esta iniciativa fracasó por dos razones. Primero, el ofrecimiento europeo de abrir el comercio y el acceso a la tecnología, incluido el uso pacífico de la tecnología nuclear, era desproporcionado con el temor fundamental de Irán al cambio de régimen, por un lado, y, a sus aspiraciones hegemónicas regionales y su búsqueda de prestigio global, por el otro. Segundo, la desastrosa guerra contra Iraq encabezada por Estados Unidos ha llevado a que los líderes de Irán piensen que la principal potencia occidental se ha debilitado al punto que depende de la buena voluntad de Irán y que los altos precios del petróleo han hecho que Occidente sea más cauteloso ante una confrontación seria.

El análisis del régimen iraní podría resultar un cálculo erróneo peligroso porque es probable que más temprano que tarde conduzca a una confrontación "caliente" que Irán sencillamente no puede ganar. Después de todo, el punto central del conflicto es este: ¿Quién domina el Medio Oriente, Irán o Estados Unidos? Los líderes de Irán subestiman la naturaleza explosiva de este problema, y la forma en que se le hará frente, para Estados Unidos como potencia global y por tanto, para su propio futuro.

Sin embargo, el debate sobre la opción militar --la destrucción del programa nuclear de Irán a través de ataques aéreos estadounidenses-- tampoco es propicio para resolver el problema. Más bien, suena a profecía que se cumple a fuerza de anunciarse. No hay ninguna garantía de que un intento por destruir el potencial nuclear de Irán y por tanto su capacidad de un ataque nuclear tenga éxito. Además, al ser víctima de una agresión extranjera, las ambiciones de Irán por tener armas nucleares quedarían plenamente legitimadas. Finalmente, un ataque militar a Irán también marcaría el inicio de una escalada militar y terrorista regional y tal vez global -una pesadilla para todos los involucrados.

Entonces, ¿qué se debe hacer? Todavía queda una oportunidad seria de solución diplomática si Estados Unidos, en cooperación con los europeos y así, desde luego, con el respaldo del Consejo de Seguridad y el grupo de los 77, le presenta a Irán una "gran oferta". A cambio de una suspensión de largo plazo de las actividades de enriquecimiento de uranio, Irán y otros países tendrían acceso a la investigación y la tecnología en un marco internacionalmente definido y bajo una supervisión amplia por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Le seguiría la plena normalización de las relaciones políticas y económicas, incluyendo garantías de seguridad vinculantes al momento de convenir en un arreglo de seguridad regional.

Se le debe dejar absolutamente claro a los líderes iraníes el alto costo que conllevaría rechazar tal propuesta: si no se llega a un acuerdo, Occidente hará todo lo que esté a su alcance para aislar a Irán económica, financiera, tecnológica y diplomaticamente con todo el apoyo de la comunidad internacional. Las alternativas de Irán deben de ser no menos que el reconocimiento y la seguridad o el aislamiento total.

La presentación de estas alternativas presupone que Occidente no teme al alza de los precios del gas y el petróleo. En efecto, las otras dos opciones --el surgimiento de Irán como una potencia nuclear o el uso de la fuerza militar para impedirlo--, además de sus horribles consecuencias, incrementarían también los precios del gas y el petróleo. Todo indica que es más favorable jugar la carta económico-financiera y tecnológica con Irán.

El conocimiento sobre las horribles consecuencias tanto de una confrontación militar como de que Irán tenga una bomba atómica debe obligar a Estados Unidos a abandonar su política de no negociar directamente y su esperanza por un cambio de régimen. No basta que los europeos reaccionen mientras los estadounidenses siguen mirando cómo se desarrollan las iniciativas diplomáticas, participando en las discusiones sólo tras bambalinas y en última instancia dejando que los europeos hagan lo que quieran. La administración Bush debe encabezar las iniciativas occidentales a través de negociaciones directas y unificadas con Irán, y si estas negociaciones tienen éxito, Estados Unidos debe también estar dispuesto a aceptar las garantías adecuadas. En esta confrontación, la credibilidad y la legitimidad internacionales serán los factores decisivos, y garantizarlos requerirá de un liderazgo estadounidense con visión, frío y calculado.

La presentación de una "gran oferta" uniría a la comunidad internacional y le daría a Irán una alternativa convincente. Si Irán acepta la oferta, la suspensión de sus investigaciones nucleares en Natanz mientras se llevan a cabo las negociaciones sería la prueba más clara de su sinceridad. Si rechaza la oferta o no cumple sus obligaciones, eso lo aislaría totalmente en el ámbito internacional y daría una legitimidad tajante a medidas adicionales. Ni Rusia ni China podrían dejar de mostrar solidaridad en el Consejo de Seguridad.

Pero tal iniciativa sólo tendrá éxito si el gobierno estadounidense asume su liderazgo entre los países occidentales y se sienta a la mesa de negociaciones con Irán. Incluso entonces, la comunidad internacional no tendría mucho tiempo para actuar. Como todas las partes lo saben, el tiempo se acaba para una solución diplomática.

Joschka Fischer fue Ministro de Relaciones Exteriores y Vicecanciller de Alemania de 1998 a 2005. Líder del Partido Verde durante casi 20 años, ayudó a cambiar a su organización de ser un partido de protesta a un partido de gobierno.

Copyright: Project Syndicate, 2006 y LOS TIEMPOS.

www.project-syndicate.org

Traducción de Kena Nequiz

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