El MAS ganará con holgura las elecciones del próximo domingo.
No hace falta ser brujo, adivino ni pitoniso para hacer esa afirmación. Es más, ni siquiera es necesario recurrir a una empresa encuestadora, de esas que nos pintaron un cuadro para las últimas elecciones nacionales pero después debieron tragarse los resultados junto a nosotros.
La base para semejante afirmación es lo que ocurrió durante la campaña que, gracias a Dios, termina (o debe terminar) a las 24:00 de este jueves.
Y no estoy hablando del disimulado uso de bienes del Estado para la campaña masista (como quedó demostrado en Potosí, cuando un vehículo oficial sufrió un accidente), ni siquiera de la chocante actitud del mismísimo Presidente quien dejaba de serlo por horas, sólo para asumir su papel de máximo dirigente de su partido y proclamar personalmente a sus candidatos.
Tampoco hablo del aparato que el MAS tiene en varios municipios rurales, y que le aseguraron el triunfo incluso en el referéndum del 2004. No me refiero a sus métodos antidemocráticos, como el fraude electoral cometido en diciembre en la circunscripción 38, o el control a los campesinos a quienes se multa si no votan por la consigna de ese partido. Es más, mi afirmación no se basa en el terror al que se ha sometido a los votantes de ciertas alcaldías, como Tinguipaya, donde no acatar las instrucciones del MAS incluso puede exponer al votante a represalias violentas.
Las razones que me hacen vaticinar que el partido en función de gobierno ganará las elecciones para la Asamblea Constituyente no tienen que ver con lo que hizo este sino con lo que hicieron sus adversarios.
Por una parte está la fijación que Podemos tiene con Hugo Chávez. Es cierto que el presidente venezolano ha metido sus narices en nuestro país más allá de lo debido pero también es evidente que Tuto Quiroga sólo reacciona cuando se trata del llanero que hace mucho que dejó de ser solitario. La artillería del ex presidente y sus acusaciones de intromisión son incluso anteriores a la campaña presidencial del pasado año y, si entonces no le dieron resultado, es difícil creer que esta vez sí le sumará votos.
Es probable que los propagandistas de Podemos crean que en Bolivia puede pasar lo que en Perú, donde la resistencia a Chávez permitió el triunfo en segunda vuelta del hipercorrupto Alan García, pero aquellos genios se olvidan que, por mucho que ambos países se parezcan, existen obvias diferencias que individualizan sus respectivos panoramas políticos. Por ejemplo, todavía existen millones de peruanos -por muy pobres que sean- que asocian la izquierda con la guerrilla, aquella que desangró su país antes de que Fujimori le pusiera fin utilizando recursos criminales. Entonces, Chávez y su discurso anti-imperialista no podían tener tanta cabida en los sectores populares peruanos como en los bolivianos.
Pero ese no es el único error de Podemos en relación a la "injerencia extranjera". La mayoría de los votantes percibe que Tuto sólo se comporta así con Chávez y es totalmente complaciente con otros como George W. Bush que sí es resistido en esta parte del continente.
¿Quieren ver más errores?... entonces apunten este: al mismo tiempo de decir que votará por Podemos para que la Constitución la hagan los bolivianos, el ama de casa de uno de los últimos spots nos habla desde una cocina típica de la clase media alta, con revestimiento y mueblería. Es probable que eso sea normal a los ojos de los dirigentes de Podemos pero resulta un insulto para las clases empobrecidas, aquellas que tienen la cocina en el mismo ambiente en el que duermen y están hacinados con su numerosa familia.
Por tanto, el domingo ganará el MAS, por lo menos para la Constituyente, pero MÁS por los errores de su enemigo que por aciertos propios.