Una mañana llega a la universidad Verónica Córdova y, antes de comenzar una clase, le dice a su amiga: "No digas a nadie. Anoche me he soñado con el Che". Ya en ese entonces ella sabía que no era muy probable llegar al final de esa carrera de comunicación en la Universidad Católica Boliviana, que lo suyo era el cine. En efecto, no mucho tiempo después Verónica se iba a estudiar cine a Cuba. Fue la Escuela San Antonio de los Baños, la propia Cuba, sus estudios en Noruega, su encuentro con gente del buen cine, pero sobre todo la esencia que bullió desde siempre en su interior, su talento, su capacidad de leer su entorno a partir del pensamiento y del sentimiento simultáneamente, su frescura, su enorme humildad, su ternura avasallante que explican que Di buen día a papá no es el fruto de ninguna casualidad. Así como creemos que no hay casualidad posible en el encuentro con Fernando Vargas, un hombre de cine y de calle y de campo cuyo trabajo devela su propio compromiso y se amalgama casi naturalmente a la propu sta cinematográfica de Córdova.
¿Que por qué hasta esta línea no se habla de la película? Pues porque ella habla por sí sola. Haga la prueba, vaya a verla y "hable con ella". Solita le va a contar un historia tan sencilla como maravillosa. Un guión sólido y dulce nos lleva por el laberinto de un Vallegrande que recibió en sus cálidos brazos los últimos capítulos de la historia del Che y todos los días de esa gente que se entrega hoy a través de la pantalla grande al país y al mundo. Una estructura narrativa que sin parafernalia se va hilando hacia adelante que en realidad es hacia atrás. Tiempos narrativos que nos dicen que es hora de romper con lo de siempre; lugares que nos redescubren como bolivianos, personajes tan como nosotros todos que nos hacen olvidar que han sido paridos por la ficción, idas y venidas del ser femenino a través de generaciones encontradas, música con la precisión de un pincel, el encanto del acento del lugar... usted dirá después.
Lo cierto es que es cine boliviano, hecho a mano, hecho con sudor y no por eso cine "en vías de desarrollo". Esta película está en su punto; limpia por donde la mire y con tanto por decir. Ya se pronunciará la comunidad cinematográfica internacional y a que sentiremos el aroma de las flores. Un aroma que tal vez nos distraiga de nuestro griterío interno. Un aroma que nos haga borrar los disparates que hemos escuchado y leído en este último tiempo a raíz del caso Conacine. Tal vez muchos cineastas, si no todos, nos darán una lección de autocrítica y creatividad. Tal vez reduzca la dosis de mezquindad. Tal vez logremos despegar del cuerpo ese líquido pegajoso de los intereses particulares para pensar un otro capítulo del cine boliviano. Sería un buen regalo para esta camada de jóvenes cineastas que traen nuevos cantos sin pretender quitarle un gramo al peso de gigantes del cine boliviano como lo es Jorge Sanjinés. Pena por aquellos que no logren recibir el canto de los pájaros, de los que acaban de llegar.