Sin aspaviento previo, representantes de organizaciones empresariales y sociales de las ciudades de Santa Cruz de la Sierra y El Alto sostuvieron ayer una reunión en ésta última bajo el lema de "Dos ciudades, una misma agenda", significando el hecho no sólo un encuentro conciliador, sino ocasión para el debate de cuestiones de interés común y la fijación de metas a futuro.
El acontecimiento rememoró anteriores "hermanamientos" de varias de nuestras capitales con urbes del exterior, con fines sobre todo de cooperación, pero destacándose por tratarse de una medida de carácter interno e involucrar a dos urbes que después de los sucesos de octubre de 2003 y mayo del presente año, fueron consideradas antagónicas y exponentes de otras tantas visiones de país: la una productiva y progresista, y la otra bloqueadora y regresiva.
Es en virtud de ello que resultó insospechado observar a delegados del empresariado privado cruceño estrechando las manos de los promotores de los movimientos convulsivos en El Alto, uno de los cuales logró la expulsión del consorcio Aguas del Illimani y, más aún, firmando una declaración conjunta que hace referencia a situaciones pasadas a la vez que formula postulados en pro de la unificación nacional de cara al porvenir, en un gesto que debiera servir de ejemplo para el resto del país.
Si todas nuestras regiones persiguieran objetivos compartidos y obraran consecuentemente, otro sería el destino de Bolivia.