No pocas han sido las ocasiones, en estos últimos meses y años, en que las ciudades de La Paz y Santa Cruz se constituyeron en los principales paradigmas de la extremada polarización y de la instalación de dos visiones antagónicas de país.
En octubre de 2003, mientras la denominada "guerra del gas" precipitaba la caída del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, su sucesor, Carlos Mesa, asumía la primera magistratura de la Nación convirtiendo las demandas alteñas (referéndum por el gas, asamblea constituyente y modificación de la Ley de Hidrocarburos) en una suerte de programa de gobierno que él mismo bautizó como la "agenda de octubre".
Esa agenda, no obstante, además de ser estrictamente política, no interpretaba la voluntad ni el sentimiento del conjunto de la sociedad boliviana, porque apenas era la expresión de sólo una porción del territorio nacional: la ubicada en la Sede de Gobierno y en su entorno social de influencia.
No tardó, por eso, en aparecer una segunda agenda, de corte económico y productivo, con una visión muy distinta del país y en una clara reacción a la cultura del bloqueo, de la confrontación y el conflicto permanente. Es así que, con el liderazgo de Santa Cruz y el respaldo pleno de Cobija, Trinidad y Tarija, surgió con una fuerza inusitada la demanda de autonomías departamentales.
La contraposición de ambas agendas, que nunca pudieron ser conciliadas durante la corta administración del ex presidente Carlos Mesa, marcó más de un episodio de tensión entre regiones e inclusive entre hermanos bolivianos, al extremo de haberse puesto en serio peligro la integridad y la unidad nacionales, con expresiones nunca antes vistas de xenofobia y odio entre las distintas culturas que cohabitan en nuestro país.
Ese proceso de desagregación social, al que algunos analistas de la realidad nacional calificaron como una inminente tribalización del país, no se detuvo sino hasta el momento mismo en que la última sucesión constitucional abrió un paréntesis en la crisis para posibilitar la organización de las elecciones generales.
Las amenazas que se ciernen sobre la República, sin embargo, no han desaparecido, y los comicios generales del 4 de diciembre de este año -muy al margen de cuál vaya a ser el próximo Gobierno- no constituyen ninguna garantía de estabilidad social ni de certidumbre sobre el futuro. En las actuales circunstancias, son los distintos actores sociales, cívicos y políticos, así como la diversidad de regiones que componen la geografía boliviana, quienes están llamados a dar señales de madurez y desprendimiento en procura de construir una sola agenda y una única visión de país.
Merece destacarse, por eso, el acercamiento -impensable hasta hace pocas semanas atrás- que sostuvieron en la víspera los principales representantes sociales y empresariales de las ciudades de Santa Cruz y El Alto, en el marco de un evento que, con el denominativo de "Dos ciudades y unimisma agenda", concluyó en la necesidad de trabajar de manera conjunta para desarrollar empleos dignos y generar una visión compartida de desarrollo productivo.
Ese encuentro viene a constituirse tal vez en la mejor demostración de que, cuando existe voluntad, es posible devolverle al país la fe en el futuro.
VENTANA
Son los distintos actores sociales, cívicos y políticos, así como la diversidad de regiones que componen la geografía boliviana, quienes están llamados a dar señales de madurez y desprendimiento en procura de construir una sola agenda y una única visión de país.