El último papelón del gobierno fue nada menos que obra y gracia de uno de sus intelectuales: Rafael Puente. Muy suelto de cuerpo, el viceministro de Régimen Interior acusó al presidente de Paraguay, Nicanor Duarte, de haberle mentido a su colega boliviano, Evo Morales, en el caso de los dos ciudadanos paraguayos que se refugiaron en nuestro país luego de ser acusados de complicidad en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas.
Al leer la información inicial -es decir, la de la sindicación a Duarte-, no pude menos que sorprenderme. Puente es uno de los pensadores más reconocidos del país ya que es uno de los pocos que merecen el denominativo de filósofo. ¿Cómo es que un hombre de su formación puede cometer el desatino de opinar sobre la conducta de un Jefe de Estado siendo él un funcionario con menor rango que un ministro?
La única explicación que encontré para esta actitud fue el comportamiento del gobierno en el caso de los paraguayos Ángel Acosta y Blas Concepción Franco.
Los dos son buscados por la justicia paraguaya por un crimen que, al haber segado la vida de la hija de un ex presidente, Raúl Cubas, conmocionó a la opinión pública del vecino país.
No obstante, cuando llegó a Bolivia el pedido de detención y extradición de esos ciudadanos, el gobierno les dio el rango de refugiados políticos. Extrañadas por tal actitud, las autoridades paraguayas se movilizaron para demostrar que Acosta y Franco no eran buscados por razones políticas sino por la supuesta comisión de un crimen cuyo juzgamiento corresponde a la justicia ordinaria.
Finalmente, nuestro gobierno tuvo que alzar las manos en este caso y dio vía libre a la detención de los paraguayos pero, cuando la Policía fue a buscarlos, ambos se habían fugado. Aparentemente, "alguien" les avisó que se les había levantado la condición de refugiados.
De pronto, cuando los bolivianos ya nos habíamos olvidado de este caso, Puente volvió a sacarlo a la luz pública con sus declaraciones que, para rematar el papelón, motivaron que la actual administración tenga que pedir disculpas al gobierno paraguayo. El viceministro, por su parte, se encasilló en su posición afirmando que no rectificaría sus declaraciones.
Lo que creo -y esta opinión es tan personal como las declaraciones de Puente- es que el MAS se identificó ideológicamente con los perseguidos paraguayos y, por tanto, el gobierno a su cargo les dio amparo.
Aquí vemos, entonces, a su gobierno afectuoso, a uno que no toma demasiado en cuenta lo que dicen las leyes y, a la hora de actuar, se deja guiar por sus afectos.
Lo mismo ocurrió, si los lectores recuerdan, en el caso de Jorge Alvarado, el ex presidente de YPFB al que Evo Morales mantuvo en su cargo hasta que la presión fue tal que debió doblar el brazo. No obstante, después vimos acciones aparentemente guiadas a evitar un enjuiciamiento del destituido a tal punto que incluso se apartó a la fiscal que investigaba el caso.
Según el diccionario, el afecto es la "inclinación a alguien o algo", como la que pareció mostrar el gobierno en el caso de los paraguayos y de Jorge Alvarado. Una segunda acepción señala que afecto también es "cada una de las pasiones del ánimo, como la ira, el amor, el odio, etc." y, si seguimos revisando la actitud del gobierno encontraremos que, en otros casos, como en el de José María Bakovic o el del dinero sustraído del Banco Central de Bolivia, existe odio y quizás hasta ira.
Por tanto, estamos ante un gobierno que se deja guiar pos sus afectos, sea de amor u odio, y, al hacerlo, pone a un lado nuestra legislación y le da vigencia a la ley del embudo.