Caminando por las calles de Sucre y adhiriéndome a las movilizaciones de indígenas que recorren las calles de la Capital para convencer a los asambleístas de que nos deben regalar tierras a los que no las tenemos, me enteré de que la Asamblea Constituyente encontraría una fórmula salomónica para aprobar una nueva Constitución: los preceptos importantes de la Carta Magna serían resueltos por dos tercios de los votos, mientras que los menos importantes sólo precisarían un 50 por ciento más uno de los votos.
Como soy muy penderejil le pregunté a jefe y compañero Nixon Titirico: -¿Esto quiere decir que unos artículos constitucionales son más importantes que otros y que los bolivianos sólo estaremos obligados a respetar sólo los preceptos importantes y estornudarnos en aquéllos que no son tan importantes...?
Nixon se rascó la cabeza y me respondió: ¡ay, caray! Tu pregunta es muy difícil, pero debes saber que siempre hay cosas más importantes que otras y que los hombres inteligentes sabemos diferenciarlas".
Luego nos dirigimos al restaurante "El Mondongo" y pasé a contarle una anécdota que me sucedió en un bar madrileño, al que asistía diariamente y a la misma hora, como lo hacían algunos parroquianos. Como yo era un extranjero me colocaba en un extremo de la barra desde donde escuchaba la charla cotidiana de aquellos españoles y en la cual yo no intervenía.
Cierta noche, uno de esos parroquianos me dijo: "Durante muchas noches usted ha escuchado nuestras conversaciones, sin decir una sola palabra, y así está usted enterado de todos nuestro problemas hogareños; ahora le pregunto en nombre de todos ¿usted no tiene los mismos problemas familiares...? Miré al caballero que me preguntó y le contesté:-No, señor, yo no tengo los problemas conyugales de los que ustedes hablan, porque al casarme convine con mi esposa que yo resolvería los problemas más importantes, dejando a ella la solución de los menos importantes.
Todos me miraron con admiración y uno de ellos me dijo: usted parece muy sabio pero dígame: ¿cuáles son los asuntos menos importantes que resuelve su mujer? Yo le dije: mi mujer decide la ciudad en la que debemos vivir, el dinero que debemos gastar mensualmente, la religión que deben profesar nuestros hijos, los colegios a los que éstos deben asistir, las corbatas y los trajes que yo debo lucir y el Banco donde debemos depositar nuestros ahorros. En fin, todos los asuntos menos importantes.
Uno me preguntó: "¿Y cuáles son los asuntos importantes que usted resuelve?" Respondiéndole sin inmutarme: la paz en el Medio Oriente, la retirada de las tropas extranjeras en Irak, la recuperación del mar boliviano, y la guerra cultural entre el Cristianismo y el Islam.
Por eso digo: ¿podrán los asambleístas diferenciar los preceptos constitucionales más importantes de los menos importantes?