La inexperiencia de un gobierno no puede justificar el desconocimiento o, más aún, la irresponsabilidad de algunos altos funcionarios que ponen en riesgo las relaciones diplomáticas con países vecinos.
Las declaraciones del ex viceministro de Régimen Interior, Rafael Puente, fueron el motivo de una fuerte discrepancia diplomática con el gobierno del Paraguay. La inmediata destitución del funcionario fue el cortafuegos necesario para evitar mayores roces con el gobierno del país vecino, justamente cuando las relaciones bilaterales se encuentran en un momento delicado, debido al anuncio del presidente Evo Morales de construir bases militares fronterizas, lo cual ha levantado la susceptibilidad de Asunción respecto a una carrera armamentista.
La presencia del ministro de Defensa de Bolivia en Paraguay, Walker San Miguel, fue oportuna para que se pidiera las disculpas del caso al Ejecutivo guaraní, con el argumento de que fueron declaraciones personales de un funcionario.
Cumplidos los ocho meses de mandato, el actual Gobierno ha tenido situaciones serias que afrontar en distintos frentes y los dos hechos que han llevado a roces con gobiernos de países vecinos han concluido con la destitución de altos funcionarios bolivianos. Ambos casos son sintomáticos respecto a la sincronización del trabajo en el Gobierno. Después de ocho meses al mando del Estado, el Gobierno del MAS aún no ha conseguido afinar una labor coordinada, puesto que en el caso de los dos ex altos funcionarios, Andrés Soliz Rada y Rafael Puente, se observó que pudieron actuar con autonomía en asuntos sumamente delicados que competen en general al equipo de gobierno.
Si bien el ex viceministro Rafael Puente tenía la obligación de contar con las pruebas necesarias para acusar al presidente paraguayo -lo cual, desde luego, no ha sucedido- su deber en aras de la seguridad nacional era seguir los procedimientos establecidos, de manera que a través de los mecanismos diplomáticos, se haga conocer la denuncia con pruebas en contra del primer ciudadano del Paraguay.
Las declaraciones del ex viceministro tuvieron el efecto de una bomba, puesto que se ponía en duda la honorabilidad de un presidente.
La destitución de Rafael Puente se debió finalmente a un tema que hace pocos meses había dejado muy mal parado al gobierno de Evo Morales, cuando se concedió protección a dos ciudadanos paraguayos por persecución política y posteriormente se revirtió ese estatus ante pruebas que les acusaban en un hecho de sangre.
La inexperiencia de un gobierno no puede justificar el desconocimiento o, más aún, la irresponsabilidad de algunos altos funcionarios que ponen en riesgo las relaciones diplomáticas con países vecinos. La experiencia debe servir para entender que un ministerio o un viceministerio no es la parcela particular de nadie, sino que más bien obedece en primer lugar a una responsabilidad ante la ciudadanía boliviana.