Se ha desvanecido a tiempo el riesgo de fricciones entre nuestro país y el vecino Paraguay, que no hubiesen significado otra cosa que un innecesario frente externo más allá de la variedad de conflictos interiores que hoy por hoy aquejan a Bolivia.
El amago de roce tuvo origen en el proyecto gubernamental de establecer, con la cooperación de Venezuela, unos cuarteles en Riberalta y Puerto Quijarro, y cobró magnitud por causa de una desconcertante declaración del ahora ex Viceministro de Gobierno.
En el primer caso, el Senado vetó ayer el acuerdo castrense alentado por los presidentes Evo Morales y Hugo Chavez, y en el segundo la administración no sólo pidió disculpas a su par paraguaya, sino que destituyó al alto funcionario.
La presencia del Ministro de Defensa en Asunción, por su lado, acabó por restituir el plano de amistad que ha caracterizado a las relaciones de ambas naciones, a pesar de la guerra que libraron décadas atrás.
En este escenario, cabe esperar que los vínculos boliviano-paraguayos se mantengan en óptimo nivel e incrementen, y que los últimos contactos bilaterales hayan ratificado los derechos que le asisten a Bolivia sobre la libre transitabilidad del río Paraguay, en virtud tanto del tratado limítrofe y de paz vigente, cuanto de convenios posteriores en el marco del cono sur del continente.