En 1879 escribió a un estudiante alemán: "La ciencia no tiene nada que ver con Cristo, excepto en la medida en que el hábito de la investigación científica hace que una persona sea cautelosa a la hora de admitir pruebas"... "En cuanto a una vida futura, cada persona debe decidir por sí misma entre inciertas posibilidades contradictorias".
A diferencia de Marx, nada había en Charles Darwin que indicase que tenía un genio peculiar, esa especie de duende, en el sentido figurado, que anida en el cerebro de ciertas personas, deambulando entre axonas y dentrites, y actuando como Packman. Darwin era un hombre dedicado a las ciencias naturales, que depasó ampliamente sus aspiraciones iniciales de ser considerado como experto en algún ramo de estudio, de cualquier tipo de bichos en particular. Depasó ampliamente esta expectativa, para pasar a ser el biólogo más importante que ha habido y con seguridad el segundo científico en jerarquía en el último milenio, luego de su compatriota Isaac Newton. Además, Darwin sólo ambicionó un éxito modesto y de ningún modo el renombre que alcanzó; así, desde un inicio, estuvo a salvo de la desilusión y hasta amargura que es el premio por sus vidas para la gran mayoría de los científicos. Como simple ejemplo de esto daré al serbio Milutin Milankovic, que estudió detalladamente las variaciones en la órbita terrestre, sus ciclos y sus incidencias en las variaciones climática globales. Ahora todos hablan del calentamiento de la tierra, pero ni siquiera después de más de medio siglo de la muerte de Milankovic su nombre es repetido más allá del reducido número de los interesados en las ciencias.
Darwin no creía tener genio, solo dedicación y perseverancia; así lo afirmó en su autobiografía, atribuyendo su éxito a: "complejas y diversas cualidades y condiciones mentales. De ellas, las más importantes han sido: la pasión por la ciencia, paciencia ilimitada para reflexionar largamente sobre cualquier tema, laboriosidad en la observación y recolección de datos, y una mediana dosis de inventiva así como de sentido común".
Con un ego medido, Darwin antepuso la honestidad intelectual y fue presto en reconocer que su compatriota Wallace planteó por su cuenta los principios de la selección natural como el mecanismo básico de la evolución. Siempre se refirió a la teoría de Wallace y suya. Por su parte, Wallace siempre reconoció que quien trabajó en grande en la teoría fue Darwin y no él. Fue por sus extensas exposiciones sobre las selecciones natural, sexual y doméstica, que la universidad de Cambridge hizo a Darwin doctor honoris causa en 1887. Le dieron el doctorado en derecho, porque lo que descubrió fueron leyes naturales.
Darwin no tuvo suerte en todos sus estudios; dedicó años y una extensa obra a la genética, sin lograr realmente desentrañar sus fundamentos. De su prestigio vienen esos términos, ahora abandonados, de "atavismo", "salto atrás", etc. Pese a la capacidad y dedicación de Darwin, el dar los fundamentos de la genética quedó reservado al monje austríaco Gregorio Mendel. Y aunque los experimentos de Mendel eran de preciso rigor científico, muy poca gente apreció la publicación de sus hallazgos. Esto a Mendel no le afectó demasiado; era abad de un monasterio y eso le absorbió sus dedicaciones. Muerto Mendel, fueron Morgan y De Vries los que explotaron en grande las posibilidades de la genética mendeliana.
El marxismo está más o menos muerto como ideología y la genética se estudia en todas partes; pero el que sigue siendo bestia negra es el honesto Darwin, aún denostado por ciertas iglesias cristianas. Algo más del 40% de los norteamericanos cree que la teoría de la evolución es errada; porcentajes importantes creen que, si bien puede haber evolución biológica, la creación de la vida y del mundo es un acto volitivo de un ser. La primera vocación de Darwin fue estudiar teología para ser pastor en la iglesia anglicana. Tenía vocación, pero le faltaba las limitaciones que la gente común cree que debe tener un clérigo, así no las tenga frecuentemente. Charles Darwin se crió guiado por la creencia de su padre, que recordó en sus memorias: "Estaba convencido de que la religión de un hombre es en esencia una materia privada que únicamente le concierne a él". En 1879 escribió a un estudiante alemán: "La ciencia no tiene nada que ver con Cristo, excepto en la medida en que el hábito de la investigación científica hace que una persona sea cautelosa a la hora de admitir pruebas"... "En cuanto a una vida futura, cada persona debe decidir por sí misma entre inciertas posibilidades contradictorias". Empero, con el tiempo vino a convenir con los criterios de los oficiales del navío Beagle, con el que dio la vuelta al mundo, que rieron cuando él dijo que la Biblia era autoridad incontestable en cuestiones de moralidad.